Almas grises (fragmento)Philippe Claudel

Almas grises (fragmento)

"Aquel encuentro al anochecer dejó petrificada a Joséphine. No dio un paso más. ¿Por qué? Porque no. Si tuviéramos que justificar todo lo que hacemos, cada gesto, cada pensamiento, cada movimiento, no acabaríamos nunca. De modo que ahí tenemos a Joséphine en plan perro de muestra -¿qué tiene de extraño?-, aquel domingo 17 de diciembre, con la noche encima, y todo porque acaba de ver, justo delante de ella, y con la que está cayendo, al Fiscal de V., de cháchara con una flor nueva, en cuyo hombro posa la mano… Sí, eso, lo de la mano en el hombro, también lo jura. «A sesenta metros, en la oscuridad, una mano en un hombro, estando borracha como una cuba… ¿Nos quiere tomar el pelo?», le soltarán durante el interrogatorio. Pero de eso ya hablaremos. Joséphine se mantiene en sus trece. Era él. Era ella. Y hace falta algo más que un par de tragos de aguardiente para hacerle ver visiones.
¿Y? ¿Tiene algo de malo que Destinat y la florecilla estuvieran de charla? Él la conocía. Ella lo conocía a él. Haberlos visto en el mismo sitio en el que a la mañana siguiente la encontrarían estrangulada, ¿qué prueba? Nada. Nada o todo, según.
Ya no se oía ningún ruido en el dormitorio. Tal vez Clémence se hubiera dormido. Y la criatura, en su vientre, también se habría dormido. Joséphine había acabado de contar su historia y me miraba. Yo veía la escena que acababa de describirme. Belle de Jour había abandonado la sala en silencio, con la ropa empapada pegada a su delgado cuerpo de hielo. Me había sonreído y había desaparecido. "



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