La división de lo sensible. Estética y política (fragmento)Jacques Ranciére

La división de lo sensible. Estética y política (fragmento)

"He tratado de señalar algunas referencias históricas y conceptuales apropiadas para replantear ciertos problemas que mezclan de forma irremediable conceptos que hacen pasar por determinaciones históricas lo que son apriorismos conceptuales y por determinaciones conceptuales lo que son delimitaciones temporales. En primera posición entre esos conceptos figura, por supuesto, la modernidad, principio hoy en día de todas las mezcolanzas que juntan a Hölderlin o Cézanne, Mallarmé, Malevitch o Duchamp en el gran torbellino donde se mezclan la ciencia cartesiana y el parricida revolucionario, la era de las masas y el irracionalismo romántico, lo prohibido de la representación y las técnicas de reproducción mecanizada, lo sublime kantiano y la escena primitiva freudiana, la fuga de los dioses y el exterminio de los judíos de Europa.
Indicar la poca coherencia de tales conceptos no entraña, evidentemente, adhesión alguna a los discursos contemporáneos del retorno a la simple realidad de las prácticas del arte y de sus criterios de apreciación. La conexión de estas "simples prácticas" con los modos de discurso, las formas de vida, las ideas del pensamiento y las figuras de la comunidad, no es el fruto de ninguna desviación maléfica. Por el contrario, el esfuerzo de pensarla obliga a abandonar la pobre dramaturgia del final y el retorno, que no acaba de una vez de ocupar el terreno del arte, de la política y de todo objeto de pensamiento.
Denomino como división de lo sensible ese sistema de evidencias sensibles que pone al descubierto al mismo tiempo la existencia de un común y las delimitaciones que definen sus lugares y partes respectivas. Por lo tanto, una división de lo sensible fija al mismo tiempo un común repartido y unas partes exclusivas. Este reparto de partes y lugares se basa en una división de los espacios, los tiempos y las formas de actividad que determina la manera misma en que un común se presta a participación y unos y otros participan en esa división. El ciudadano, dice Aristóteles, es aquel que tomar parte en el hecho de gobernar y ser gobernado. Pero otra forma de división precede a este tomar parte: aquella que determina quiénes toman parte. El animal que habla, dice Aristóteles, es un animal político. Pero el esclavo, aunque comprende el lenguaje, no lo "posee". Los artesanos, dice Platón, no pueden ocuparse de las cosas comunes porque no tienen el tiempo para dedicarse a otra cosa que no sea su trabajo. No pueden estar en otra parte porque el trabajo no espera. La división de lo sensible muestra quién puede tomar parte en lo común en función de lo que hace, del tiempo y del espacio en los que se ejerce dicha actividad. Así pues, tener tal o cual "ocupación" define las competencias o incompetencias con respecto a lo común. Esto define el hecho de ser o no visible en un espacio común, estar dotado de una palabra común, etcétera. "



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