La marca del meridiano (fragmento)Lorenzo Silva

La marca del meridiano (fragmento)

"Me quedé pensando, acaso arrepintiéndome, mientras la veía irse. Aunque ella llevaba las llaves del coche, no me di prisa, porque sabía que nos esperaría lo que fuese necesario. Para Chamorro el deber, incluido el más fastidioso, no tenía nada de opcional. Saqué la cartera y pedí la cuenta. Un billete de cinco cubrió los tres cafés y una propina mínima. Cuando eché a andar, Arnau repitió su pregunta:
—¿Qué pasa?
Lo miré como se mira a los niños cuando, por descuido o por alguna desafortunada coincidencia, llegan a enterarse de que los padres están discutiendo. No me esforcé en reaccionar de manera diferente a la que dicta la convención en esa desairada coyuntura doméstica.
—Nada —dije—. No pasa nada. Vamos.
Pero claro que pasaba, y ni al joven Arnau, ni a la conductora de ceño fruncido que nos esperaba al volante del coche, ni a mí, que trataba contra toda evidencia y contra toda lógica de obligarme a creer que aquél podía ser un trabajo como cualquier otro, se nos escapaba que un ambiente así no era el más propicio para hacer lo que teníamos que hacer. Si yo no hubiera sido yo, tal vez habría buscado un atajo para restablecer la armonía, quizá incluso renunciando a mis posiciones anteriores, pero me faltaban menos de dos años para cumplir los cincuenta y llevaba ya veinte investigando homicidios. Era un viejo zorro, y los viejos zorros saben esperar a que escampe. Incluso cuando en el cielo los nubarrones se vuelven cada vez más negros. "



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