El uso del hombre (fragmento)Aleksandar Tisma

El uso del hombre (fragmento)

"Sin embargo, ¿querrá y podrá anotar algo en el diario ante los ojos de los médicos y de las monjas enfermeras? Por otro lado, si se limita a guardar el cuaderno, digamos, bajo la almohada, quizá alguien lo descubra en un momento de descuido, o mientras se halla en la mesa de operaciones, y lo lea sin autorización. Se estremece, como si la hubieran sorprendido desnuda. ¿Y qué si…? Temblando, se imagina que muere y el diario queda al alcance de cualquiera. Pero, si lo deja en el fondo del armario, ¿quién va a encontrarlo ahí? ¿La señora Simokovic, a la que tiene previsto dejar la llave de la habitación, o su hermana, que vendrá avisada por un telegrama? (¡También ha escrito cosas desagradables de su hermana!). Pase lo que pase, será terrible. Y, no obstante, inevitable, ya que no podrá defender ni esconder el diario. Ahora se ve yacer muerta, lejos de esta habitación, muy lejos, sola, inmóvil y exangüe, sin saber nada, y he ahí su diario, sus secretos; le resulta tan insoportable que se agacha y agarra el cuaderno, lo estrecha contra su pecho y, llorando, se arroja sobre la cama. Por primera vez es realmente consciente de que tal vez muera, y de lo que eso significa: la soledad absoluta, el abandono total, la ignorancia completa, la impotencia de hacer algo por sí misma. Llora largamente, hasta muy tarde, sola en su habitación, donde la pequeña estufa de hierro hace tiempo que se ha enfriado. Sabe que esto le hace daño, pero no puede hacer otra cosa que llorar y llorar, hasta que alrededor de la medianoche, exhausta, sin desvestirse, se mete bajo el edredón y se queda dormida, pero incluso en sueños la agitan sollozos entrecortados. Por la mañana tiene que encender deprisa la estufa, lavarse, vestirse, repartir entre las vecinas las tareas que ella misma no podrá hacer, despedirse de ellas, hacer el equipaje y salir. Respecto al diario, aún no ha tomado una decisión. ¿Y si lo quema rápidamente en este precipitado fuego matutino, antes de echarle agua para apagarlo? Retrocede supersticiosa ante esta idea, tiene la sensación de que si lo hiciera invocaría la muerte: aquí estoy, ven, ya no me queda nada más. Luego piensa si escribir algo en el cuaderno, con la fecha del día, algo juicioso, una nota sobre su partida, para atenuar un poco los anteriores sentimentalismos que la desnudan demasiado, al menos tal como ella los recuerda. "


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