El viejo (fragmento)Edgar Allan Poe

El viejo (fragmento)

"Nunca fui tan amable con el viejo como durante la semana antes de matarlo. Y cada noche, a eso de las doce, giraba el picaporte de su puerta y la abría... ¡Oh, tan suavemente! Y entonces, cuando había abierto hueco suficiente para pasar la cabeza, introducía una linterna apagada y completamente cerrada para que no emitiera ninguna luz, y a continuación me asomaba dentro.
¡Ah, se hubieran reído al ver con cuánta maña introducía la cabeza! La movía despacio, muy, muy despacio, para no perturbar el sueño del viejo. Tardaba una hora en pasarla entera por la abertura hasta que podía verle tumbado en la cama. ¡Já! ¿Acaso un loco habría sido tan inteligente?
Y entonces, con la cabeza dentro de la habitación, abría la linterna cautelosamente —¡ay, cuánto!—, (pues las bisagras crujían), la abría de forma que un único y fino rayo de luz cayera sobre su ojo de buitre.
Y esto hice durante siete largas noches, justo a las doce. Pero siempre encontraba el ojo cerrado, así que era imposible cumplir mi tarea, pues no era el viejo quien me exasperaba, sino su mal de ojo. "



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