En tiempo de verano (fragmento)August Strindberg

En tiempo de verano (fragmento)

"Pero ella veía el mundo y a las gentes a su manera particular, porque los cristales de las ventanas eran de todos los colores del arco iris; no necesitaba más que mover un poquito la cabeza para ver todo en rojo, amarillo, verde, azul y violeta. Si se trataba de un día de invierno en el que los árboles estaban cubiertos de escarcha como si llevaran hojas de plata, movía un poco la cabeza en la almohada y los árboles devenían verdes; era verano, los campos devenían dorados, el cielo azul; aunque fuese gris en sí mismo. De esa manera ella creía tener poderes mágicos, y nunca se aburría. Pero los cristales tenían otra virtud: al estar combados, lo que estaba fuera se veía unas veces agrandado y otras disminuido.
Así que cuando el hijo mayor llegaba a casa de mal humor, gritando, la madre lo deseaba de nuevo pequeño y bueno, e inmediatamente lo veía pequeño. O cuando los nietos correteaban por fuera y ella pensaba en su futuro, entonces —un, dos, tres—, entraban en el cristal de aumento y los veía adultos, personas grandes, verdaderos gigantes.
Pero cuando llegaba el verano, ella hacía abrir las ventanas de par en par; porque la belleza que había fuera no la podían reproducir los cristales. Y fue entonces, en la víspera de San Juan, cuando más hermoso estaba todo y ella yacía tumbada mirando la pradera y los campos, cuando la paloma se puso a cantar. Cantaba la historia de Cristo y la alegría y el esplendor que reinan en el cielo y, con su dulce canto, daba la bienvenida a todos aquellos que estaban abatidos bajo sus cargas y hartos de las penas de esta vida. "



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