Regalo de Reyes (fragmento) O. Henry

Regalo de Reyes (fragmento)

"Había entre las ventanas de la habitación un espejo de cuerpo entero. Es posible que hayas visto un espejo de cuerpo entero en un pisito de ocho dólares. Una persona muy delgada y muy ágil puede, observando su reflejo en una sucesión rápida de fajas longitudinales, hacerse una idea bastante exacta de su aspecto. Della, que era delgada, había dominado ese arte. De pronto se apartó de la ventana y se paró frente al espejo. Le brillaban los ojos luminosamente, pero su rostro había perdido el color en veinte segundos. Rápidamente se soltó el pelo y lo dejó caer en toda su longitud. Había, por otra parte, dos posesiones de los Dillingham Young de las que ambos se enorgullecían mucho. Una era el reloj de oro de Jim, que había sido de su padre y de su abuelo. La otra era el cabello de Della. Si la reina de Saba hubiese vivido en el piso del otro lado del pozo de ventilación, Della habría dejado colgar su pelo por la ventana algún día a secar solo por depreciar las joyas y regalos de Su Majestad. Si el rey Salomón hubiese sido el portero, con todos sus tesoros apilados en el sótano, Jim habría sacado su reloj cada vez que pasase, sólo para verle mesarse las barbas de envidia.
Así pues, el hermoso cabello de Della se desplegaba a su alrededor, ondulándose y brillando como una cascada de aguas color castaño. Le llegaba por debajo de la rodilla y era casi como un vestido. Luego volvió a recogerlo nerviosa rápidamente. Vaciló un instante y se irguió, y salpicaron la gastada alfombra roja unas cuantas lágrimas.
Se puso la vieja chaqueta marrón; se puso el viejo sombrero marrón. Con un revoloteo de faldas y la chispa de brillo aún en los ojos, salió y bajó las escaleras hasta la calle.
El letrero que había donde se paró decía: «Madame Sofronie. Artículos Capilares de Todo Género». Della subió corriendo un piso, y luego se detuvo, jadeante.
Madame, grande, demasiado blanca, fría, no se parecía gran cosa a la «Sofronie» de la canción. "



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