Los hermanos corsos (fragmento)Alexandre Dumas

Los hermanos corsos (fragmento)

"De cuando en cuando, mientras el viajero se detiene para visitar un viejo castillo construido por algún gran señor, héroe y jefe de una tradición feudal, o para dibujar una vieja torre levantada por los genoveses, el caballo pela una mata de hierba, monda un árbol o lame una roca cubierta de musgo, y ahí queda la cosa.
En cuanto al alojamiento de cada noche, todavía resulta más sencillo: el viajero llega a un pueblo, cruza la calle principal, elige la casa que le conviene y llama a la puerta. Transcurrido un instante, el señor, o la señora, de la casa aparece en el umbral, invita al viajero a apearse, le ofrece la mitad de su cena, su cama entera si tan sólo dispone de una, y, al día siguiente, lo acompaña hasta la puerta y le da las gracias por haberle hecho el honor de elegirle.
Huelga decir que por nada del mundo se habla de retribución alguna: el amo de la casa consideraría un insulto que se hiciese la menor mención de ello. Si en la casa sirve una muchacha, se le puede regalar algún pañuelo, con el que se apañará un pintoresco tocado cuando vaya a la fiesta de Calvi o de Corte. Si el criado es varón, aceptará gustoso alguna navaja, con la que podrá matar a su enemigo, si se topa con él. "



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