Michael Kohlhaas (fragmento)Heinrich von Kleist

Michael Kohlhaas (fragmento)

"El tratante, a quien ya le estaba empezando a enojar aquella extorsión, descendió, tras pararse a pensárselo, del caballo, se lo dio a un criado, y dijo que trataría del asunto con el mismo Junker de Tronka. Se dirigió al castillo; el alcaide lo siguió, rezongando todo el tiempo de los codiciosos tacaños y de lo útil que fuera sangrarlos; y, midiéndose mutuamente con la mirada, entraron ambos en la sala. Se dio el caso que el Junker se encontraba con unos amigos en animada libación, y que un chascarrillo había hecho estallar una interminable risotada, cuando Kohlhaas se le acercó para presentarle su protesta. El Junker le preguntó qué quería; los caballeros callaron cuando advirtieron la presencia del desconocido; pero apenas hubo comenzado éste a exponer lo que sucedía con los caballos, el séquito exclamó:
«¿Caballos?, ¿dónde?», y se abalanzó a la ventana para verlos. No bien hubieron avistado la reluciente reata, se apresuraron todos, siguiendo la invitación del Junker, a bajar al patio. La lluvia había cesado. El alcaide, el mayordomo y los criados se unieron a ellos, y todos examinaron a los animales. El uno no dejaba de celebrar el alazán del lucero, el otro se deleitaba con el potro castaño, el tercero acariciaba al pío de las manchas azafranadas; todos coincidieron en que más parecían ciervos que caballos y que en el país no se criaban mejores. De buen humor, les contestó Kohlhaas que los caballos no habían de ser mejores que los señores que hubieran de montarlos, y les animó a comprar. "



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