La muerte de la tierra (fragmento)J.H. Rosny

La muerte de la tierra (fragmento)

"Targ sentía el peso de la vasta soledad y de los montes implacables. Levantó melancólicamente la cabeza hacia la concha acústica del Gran Planetario. Ésta extendía su corola azufrada hacia las faldas de las montañas. Hecha de arcum y sensible como una retina, sólo recibía las señales lejanas de los otros oasis y, programada, apagaba aquéllas que el vigilante no debía responder. Targ la amaba como un emblema de las escasas aventuras todavía posibles para la criatura humana. En su tristeza, se volvió hacia ella como esperando valor y esperanza.
Una voz lo sobresaltó. Con leve sonrisa, vio que una joven mujer de andar rítmico subía hacia la plataforma. Llevaba libre la cabellera de tinieblas; su busto ondulaba flexible como el tallo de los largos cereales. El vigilante la miró con amor. Su hermana Arva era la única criatura que podía hacerlo vivir aquellos minutos súbitos, imprevistos y encantadores en los que, en el fondo misterioso, aún sobrevivían energías necesarias para la salvación de los hombres.
Ella exclamó con risa contenida:
-¡El tiempo está hermoso, Targ. Las plantas son felices!
Arva, con el negro de sus ojos palpitando, aspiró el apacible olor que emanaba de la materia verde de las hojas. Tres pájaros a la altura de los árboles se precipitaron sobre el borde de la plataforma. Del tamaño de los antiguos cóndores, con formas tan puras como las de los hermosos cuerpos femeninos; tenían inmensas alas plateadas con transparentes visos amatista y sus extremos emitían una tenue luminosidad violeta. Sus cabezas eran grandes, los picos muy cortos, muy suaves, rojos como labios, la expresión de sus ojos se parecía a la expresión humana. Uno de ellos, levantando la cabeza, lanzó sonidos articulados. Targ tomó la mano de Arva con inquietud. "



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