Un hombre del pueblo (fragmento)Chinua Achebe

Un hombre del pueblo (fragmento)

"Mientras permanecía en un rincón del gran tumulto aguardando a que llegara el ministro, sentí cómo una fuerte sensación de amargura me llenaba la boca. Allí estaban aquellos pueblerinos ignorantes y estúpidos bailando hasta la extenuación y esperando hacer estallar su pólvora en honor de uno de los hombres que habían lanzado al país cuesta abajo por las pendientes de la inflación. Deseé que ocurriese un milagro, que se alzara una voz atronadora que acallara aquel festival ridículo y les dijera un par de verdades a aquellos pobres desgraciados. Por supuesto, resultaría inútil. No sólo eran unos ignorantes, sino también unos cínicos. Si alguien les contara que aquel hombre había utilizado su posición para enriquecerse, ellos preguntarían, como hacía mi padre, si un hombre sensato escupiría el delicioso manjar que la buena suerte le había puesto en la boca.
No siempre había sentido aversión hacia el señor Nanga. Hacía unos dieciséis años había sido mi profesor en tercero de primaria y creo que yo era su alumno preferido. Le recuerdo como un profesor joven, guapo y popular, imponente con su uniforme de jefe scout. En una de las paredes del colegio colgaba un cuadro con el retrato de un jefe scout de apostura y atuendo impecables. No estoy seguro de que el profesor de arte que había pintado el cuadro tuviese en mente al señor Nanga. Aunque no guardaba ningún parecido con sus facciones, lo llamábamos el cuadro del señor Nanga. Nos bastaba que ambos fuesen guapos y fuesen unos jefes scout imponentes. La figura estaba de pie con los brazos cruzados sobre el pecho, mientras que el pie derecho descansaba ligeramente sobre un tocón perfectamente cortado. Flores de hibisco de un vivo color rojo decoraban las cuatro esquinas del marco; y debajo estaban escritas las memorables palabras: "Mi reino no es lo que tengo, sino lo que hago". Aquello era en 1948. "



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