La Isla Virgen (fragmento)Demetrio Aguilera Malta

La Isla Virgen (fragmento)

"Contemplan impasibles la caída de cada árbol. Después, se le echan encima y repican sus ramas, despojándolo de enredaderas. En medio de la estampida de los pobladores de la selva, los mosquitos son los únicos que no se asustan ni huyen. Antes bien, se les prenden en las espaldas, las piernas y los brazos.
Sólo el rostro es defendido por el cigarro infallable. El sol les cae cada vez más fuerte. A ratos como que quisiera incendiarlos. En los sitios abiertos parecen tener más próximo su fuego. Siguen sudando. A algunos les duele la cintura de tanto estar agachados. Sólo muy de vez en cuando los abanica una ráfaga de viento sur. Medio levantan la cabeza. Anhelan detenerse un instante, para disfrutarla mejor. No pueden. Enseguida oyen a su espalda, como adivinándoles el pensamiento, la voz de don Guayamabe.
-No hay que remolonear, no hay que remolonear.
Continúan el trabajo. Éste y el calor los ciega. Los pies empiezan a pisar de puntillas evadiendo el contacto de la tierra, que es como un horno. De rato en rato, sangra uno que otro. No necesitan ni mirarse, para saber que se trata de una espina, quizá de las peores. Quisieran sacársela y echarse algo para que no se les infecte, aunque sólo sea de ceniza de cigarro con saliva. Pero allí está don Guayamabe y no soporta ningún descanso. "



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