El ruiseñor (fragmento)Hans Christian Andersen

El ruiseñor (fragmento)

"Y los viajeros contaban lo que habían oído cuando regresaban a sus hogares, y los sabios escribían muchos libros sobre la ciudad, el palacio y el jardín, pero no olvidaban al ruiseñor, que ocupaba un lugar elevado. Los poetas escribieron los poemas más hermosos, todos sobre el ruiseñor en el bosque, cerca del profundo mar.
Estos libros dieron la vuelta al mundo y algunos llegaron hasta el emperador, que estaba sentado en su sillón de oro. Leyó los relatos y a cada instante asentía con la cabeza, dado que le alegraban las maravillosas descripciones de la ciudad, el palacio y el jardín. "Pero el ruiseñor es lo mejor", decía.
-¿Cómo es eso? -exclamó el emperador.- ¡El ruiseñor! No lo conozco. ¿Existe tal pájaro en mi imperio y en mi jardín? Nunca oí sobre él. ¡Que uno deba aprenderlo a través de los libros!
Y llamó a su caballero, tan distinguido que cuando alguien de menor rango que él se atrevía a dirigirle la palabra, sólo respondía "¡P!", que no significaba nada.
-Al parecer tenemos aquí un pájaro muy notable, llamado ruiseñor -dijo el emperador-. Se dice que es lo mejor de mi enorme reino. ¿Por qué nunca me han hablado de ello?
-Nunca lo oí nombrar -respondió el caballero-, nunca fue presentado aquí en la corte.
-Quiero que venga esta noche y cante para mí -exigió el emperador-. Todo el mundo conoce lo que poseo y yo lo ignoro.
-Nunca lo oí nombrar -dijo el caballero-, lo buscaré y lo encontraré.
Pero ¿dónde? El caballero subió y bajó todas las escaleras, atravesó los salones y los pasillos, y ninguno de los que cruzó había oído hablar del ruiseñor. Entonces el caballero volvió hasta donde estaba el emperador y dijo que todo debía ser una fábula inventada por los escritores de libros.
-Su majestad no debe creer todo lo que se escribe. Son inventos y lo que llaman magia negra.
-Pero el libro que leí -replicó el emperador- me fue enviado por el todopoderoso emperador de Japón, así que no puede ser un invento. Quiero escuchar al ruiseñor, ¡quiero que esté aquí esta noche! ¡Es mi deseo!, y si no viene, toda la corte recibirá un golpe en el estómago, después de cenar.
-Tsing-pe -dijo el caballero, y volvió a subir y bajar todas las escaleras, y a atravesar todos los salones y pasillos. La mitad de la corte también corrió, porque nadie quería recibir un golpe en el estómago. Todos preguntaban sobre el extraño ruiseñor que el resto del mundo conocía, salvo la corte.
Por fin encontraron a una humilde niña en la cocina. Ella respondió:
-¡Oh, Dios, el ruiseñor! Yo lo conozco bien. ¡Qué bello canta! Todas las noches se me permite llevar algunas sobras de la mesa a mi pobre madre enferma, que vive cerca de la playa. Cuando vuelvo y, fatigada, descanso un poco en el bosque, escucho el canto del ruiseñor. Mis ojos se llenan de lágrimas, es como si mi madre me besara. "



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