La escuela de la guerra (fragmento)Alexandre Najjar

La escuela de la guerra (fragmento)

"¡Feliz Día de la Madre, mamá! En el Líbano, el Día de la Madre se celebra el primer día de primavera. Esto no es una coincidencia. Beso a mi madre en la frente.
"Tú eres mi sol", dice ella, apretando con fuerza mis manos.
Ella toma el ramo de rosas de mi mano y se dirige al comedor. Sentado en un rincón de la sala de estar, la observo-conozco cada uno de sus movimientos de memoria- Mi madre... siempre tengo miedo de perderla, de no ser capaz de mirarla a los ojos. Durante la guerra yo estaba constantemente mirándola, protegiéndola, no sólo por amor y devoción, sino también porque mi propio equilibrio dependía precisamente de ella. Una mañana de mayo -¿cómo podría olvidarlo?- Mi madre salió de la casa para hacer algunas compras en un supermercado que estaba a trescientos metros de nuestra casa. Tenía la nariz en mis libros, yo respondí a su despedida con un simple gesto de cabeza.
Media hora más tarde una violenta explosión sacudió los cimientos de toda la ciudad. Las ventanas de nuestra casa quedaron destrozadas. Me tiré al suelo con las manos entrelazadas tras la nuca.
"¿Qué fue eso?" -preguntó mi padre.
Nos fijamos en él, aturdido, sin saber que se había originado una explosión. Sacando fuerzas de flaqueza, mi hermano más joven fue a ver qué había sucedido. Regresó poco después y nos dijo con voz tensa por la emoción:
"Un coche bomba... Al parecer explotó cerca del supermercado"
"¡Mamá!" Sin pensarlo, corrí fuera de la casa.
A lo lejos, las guirnaldas de humo se arremolinaban en el cielo. Corrí los trescientos metros que distaban del lugar de la explosión. "Dios, que ella haya cambiado de opinión en el último minuto...que no haya sido herida... que siga viva..." Sin aliento, completamente loco, llegué frente al supermercado.
El espectáculo ante mis ojos me petrificó: una espesa nube de humo negro se abatía sobre la zona, aquí y allá, vehículos volcados, restos humanos carbonizados, sangre, trozos de carne, fragmentos de vidrio, escombros... Los conductores de las ambulancias y los bomberos de dispersaban al unísono en todas las direcciones posibles. Los gritos y gemidos de la multitud se mezclaban con el aullido de las sirenas. "



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