Lo que el pensamiento no puede pensar (fragmento)Ramón Andrés

Lo que el pensamiento no puede pensar (fragmento)

"Todas las civilizaciones son fruto de la imitación, y ello equivale a decir que procedemos del plagio. En cuestión de poesía -y de las artes en general- hay que otorgarle al plagio la dignidad de creación, y ahí está el ejemplo de Johann Sebastian Bach, cuya Musikalisches Opfer es una de las mayores exhibiciones de la retórica musical elevada al rango de inventio. Quien piense haber descubierto algo no es más que un pusilánime, un vanidoso, un cándido, un marchante. En el fondo las vanguardias, rebosadas de gentes ilusorias y crédulas, sirven para podar la tradición, a fin de que ésta surja con más fuerza. Reconocerlo me parece la manera más decorosa de acercarse a la naturaleza de la poesía, una naturaleza ambigua porque existe desde lo refractario, desde el no existir. Cuanto menos nos conformamos con esta limitación, más llenamos de tiempo lo que por esencia es atemporal; por eso el fracaso poético se nos parece demasiado, porque hemos conferido a la poesía el carácter de "duración", una magnitud de biografía: la hemos llenado de determinismo. El que no sea capaz de mezclar su voz entre la de sus semejantes y desprenderse de ella es un impostor, y no desearía que esta idea se asociara con el concepto platónico según el cual el poeta es un hombre perdido entre los hombres. No, se trata de otra cosa, porque tal razón ha hecho que la poesía se manifieste como un fruto de desvalidos, como el qui non intellegor ulli ovidiano de las Tristia, cosa tan aprovechada por los románticos, idólatras del solipsismo. Creo que el milagro, si se me permite el término, ya que hemos empezado hablando del "moribundo destinado a no morir", es que la poesía vive de su inminente desaparición, con lo cual expresa aquello que el pensamiento no puede pensar. Ese es el hilo conductor de la gran poesía, el lugar donde no cabe nuestra muerte, las palabras que no se arredran ante los versos de Hélinand de Froidmont: La danza de la muerte empezó a animar sus pasos y mudanzas cuando le pusimos nuestra música, cuando se convirtió en mercadería de "sentimentalidad". A veces la poesía espera un destello: entonces aparece el poema, el momento que no se convierte en un acto desesperado por salirse del lenguaje, porque ya dijimos que el lenguaje es una alegoría del destino, poco más. El resto es producción, pasión por relatarse, redundancia, aseveración. Ante tal peligro, tomemos en serio el consejo con que el abate Dinouart abre el primer capítulo de "El arte de callar". "Sólo se debe dejar de callar cuando se tiene algo que decir más valioso que el silencio. "


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