Páginas autobiográficas (fragmento)Mariano Azuela

Páginas autobiográficas (fragmento)

"Bajando de la placita de San Antonio rumbo a la de San Felipe, después de pasar con algunos trabajos (no siempre a gatas) unos barrancos que las lluvias ahondan año por año, se cruzan las calles de El Arroyo, La Merced, El Rosario y se cae luego sobre un casucherío ruinoso, entre largas hileras de órganos y nopales, entreveradas de uno que otro huizache y hasta de algún frondoso mezquite. Tierra suelta, mucha tierra suelta en la tierra, en el cielo y en todo lugar. Lo que no obsta para que luzca su piel curtida y teñida de azul el obrajero que pone a secar todo lo largo del callejón en sendos hilos de ixtle bien restirados, sus madejas de hilaza recién pintadas de añil. Tomando precisamente ese callejón, como quien va al Refugio, se encuentran unas tapias de adobe prieto, prodigio y desafío a las más elementales leyes de la gravedad. Se buscarán una puerta y dos ventanas de mezquite respetadas por los siglos, con las huellas fresquecitas de la azuela y del hacha, como si acabaran de salir de manos del carpintero. Quizá el actual dueño de esta casa sea una de tantas lagartijas de las que suben y bajan, van y vienen por los terrones, entre musgos y yerbaje. Quizá en el quicio haya mucha paja remolida, rastrojos desmenuzados y redondos pajosos de burro. Al franquear el angosto cubo del zaguán pueden notarse tal vez los restos de una pintura de tierras, de aquellas pinturas de antaño que se incorporaban con la cal y aun con el adobe mismo y sólo con ellos caían. Vestigios de una guirnalda de flores, enmarcando a todo lo que dan los muros, una jaculatoria a la "Virgen concebida sin pecado original". "


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