La libertad (fragmento)Mijail Bakunin

La libertad (fragmento)

"La inmensa mayoría de los individuos humanos sólo quieren y piensan lo que todo el mundo a su alrededor quiere y piensa; sin duda creen querer y pensar por sí mismos, pero sólo hacen reaparecer servilmente, rutinariamente, con modificaciones completamente imperceptibles y nulas, los pensamientos y voluntades ajenas. Esa servilidad, esa rutina, fuentes inagotables del tópico, esa ausencia de rebeldía en la voluntad y esa ausencia de iniciativa en el pensamiento de los individuos son las causas principales de la lentitud desoladora del desarrollo histórico de la humanidad. Para nosotros, materialistas o realistas, que no creemos ni en la inmortalidad del alma ni en el libre albedrío, esa lentitud, por más que nos aflija, aparece como un hecho natural. Partido del estado de gorila, el hombre sólo llega muy difícilmente a la conciencia de su humanidad y a la realización de su libertad. Al principio, no puede tener ni esta conciencia ni esta libertad; nace bestia feroz y esclava, y sólo se humaniza y se emancipa progresivamente en el seno de la sociedad que es necesariamente anterior al nacimiento de su pensamiento, de su palabra y de su voluntad; sólo puede hacerlo mediante los esfuerzos colectivos de todos los miembros pasados y presentes de esta sociedad, la cual es en consecuencia la base y el punto de partida de su existencia humana. Resulta de ello que el hombre sólo realiza su libertad individual o bien su personalidad al completarse con todos los individuos que le rodean, y únicamente gracias al trabajo y al poder colectivo de la sociedad. La sociedad lejos de disminuir y limitar, crea por lo contrario la libertad de los individuos humanos.
La rebeldía contra esta influencia natural de la sociedad es mucho más difícil para el individuo que la rebeldía contra la sociedad oficialmente organizada, contra el Estado, aunque a menudo sea tan inevitable como esta última. La tiranía social, a menudo aplastante y funesta, no presenta ese carácter de violencia imperativa, de despotismo legalizado y formal que distingue a la autoridad del Estado. No se impone como una ley a la que todo individuo está forzado a someterse bajo pena de incurrir en una sanción jurídica. Su acción es más dulce, más insinuante, más imperceptible, pero tanto más poderosa. Para rebelarse contra esta influencia que la sociedad ejerce naturalmente sobre él, el hombre ha de rebelarse, por lo menos en parte, contra sí mismo, pues con todas sus tendencias y aspiraciones materiales, intelectuales y morales él mismo no es otra cosa que el producto de la sociedad.
Se puede preguntar tan poco si la sociedad es un bien o un mal, como es imposible preguntar si la naturaleza, el ser universal, material, real, único, supremo, absoluto, es un bien o un mal; es más que todo eso; es un inmenso hecho positivo y primitivo, anterior a toda conciencia, a toda apreciación intelectual y moral, es la base misma, es el mundo en el que fatalmente y con posterioridad se desarrolla para nosotros lo que llamamos el bien y el mal. "



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