La dulce Lorraine (fragmento)James Baldwin

La dulce Lorraine (fragmento)

"Cuando el brillo de la luz se difumina, cuando un artista espléndido se marcha, nos queda un poso de tristeza y asombro que la especulación no puede disipar. Nos sentimos embargados por un sentimiento de injusticia tan fútil como poderoso. Y el recuerdo de la persona desaparecida colma la mente. A veces, muy brevemente, se escucha incluso la inflexión del tono de su voz, el timbre exacto de su risa -es mi caso al ver esta presentación dramática Ser Joven, Generoso y Negro y a través de la lectura de estas páginas-, pero no puedo presumir de evaluar su trabajo, que para mí irradia la luz que emanaba de Lorraine. Es posible que aquella señal en la Ventana de Sidney Brustein fuera elocuente e incómoda, por el silencio que la rodeaba. No muchas obras en la actualidad conllevan el riesgo de ser demasiado expresivas. Una vez más, Brustein se muestra muy voluntarioso y quizás descaradamente didáctico, pero no es lícito categorizar o desestimar la obra debido a la asombrosa vida de sus personajes. Podría ser rechazada como pasada de moda y banal, sin embargo tiene el inconfundible poder de convertir el juicio del espectador. ¿Es todo esto cierto o no? La exigente obra nos deja inquietos ante la cuestión. No se puede responder a la pregunta de forma negativa, corriendo el riesgo de ser atrapados en una falacia. Pero una respuesta afirmativa impone un nuevo nivel de responsabilidad, tanto respecto a la propia conducta como a las directrices fortuitas del estado estadounidense, arriesgándonos a la desagradable necesidad de una nueva insurgencia. Por Lorraine no tuve reparos en afirmar que el arte tiene un propósito y que su propósito es la acción: que contiene la energía que podría cambiar el mundo.
Egoístamente, sería fantástico poder tener a su alrededor a la pequeña muchacha, con su ingeniosa y elocuente compasión. Sólo he conocido una persona que no cayera rendida a sus pies, el fallecido Bobby Kennedy. Y como han pasado los años desde aquel tormentoso encuentro -Lorraine habla de ello en estas páginas, así que no me voy a remitir a ellas- muy a menudo he meditado lo que luego trató de transmitir. El holocausto no respeta a las personas. Lo que hoy parece una humillación y una injusticia para unos pocos, puede, libre de control, revertir en terror para la gran mayoría, apagando vidas blancas como si fueran vidas negras; si el estado no pudo proteger la vida de los súbditos de color, se encontraría envuelto en ese crimen. Y de hecho al final ya no vislumbramos los tanques y los caballos sobre nosotros. Tal vez sea mejor así, después de todo, no ver fuera lo que percibimos con tan diáfana claridad en nuestro interior. Y no es para nada descabellado pensar que nosotros contribuimos a su muerte, puesto que el esfuerzo al que Lorraine se dedicó es más que suficiente para matar a un hombre.
Vi a Lorraine moribunda en su cama del hospital. Ella trató de hablar, pero no pudo. No parecía asustada ni triste, sólo exasperada porque su cuerpo ya no la obedecía. Sonrió y me saludó con la mano. Pero prefiero recordarla como era la última vez que la vi en pie. Estábamos en el Club PEN, hablando. Llevaba un vestido negro y un sombrero a juego. Estaba radiante. Yo sabía que había estado enferma, pero no lo sospeché entonces. Le dije: "Lorena, te ves tan radiante. ¿Cómo haces para estar tan guapa?". Ella se iba. Tengo la impresión de que estaba ya en la escalera y se volvió con una sonrisa en sus labios, diciendo: "¡Esto ayuda a desarrollar una enfermedad grave, Jimmy!. Saludó con la mano y desapareció. "



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