Luces azules (fragmento)R. M. Ballantyne

Luces azules (fragmento)

"El joven Milton había dispuesto su corazón para ingresar en el ejército. El viejo Milton había resuelto frustrar el deseo de su vástago. La madre, un alma mansa y amante, sufrió las hostilidades entre padre e hijo. Ambos la amaban intensamente y se amaban a sí mismo, no tanto quizás, pero de forma notable. Sería un triste cálculo enumerar las disputas entre padre e hijo. Nos apartaremos de tal cuestión y continuaremos. Será suficiente decir que un día Miles y su padre tuvieron un encuentro en el Vesubio en relación al ingreso de aquél en el ejército. El hijo se mostró petulante y poco conciliador. El padre, fiero y tiránico. El desenlace fue que ambos se separaron, enfadados. Márchate, gritó el padre con dureza. Cuando estés en una mejor disposición, puedes volver.
Sí, padre, así lo haré, gritó el hijo, poniéndose en marcha, y nunca regresaré. ¡Pobre joven! Acertaba y se equivocaba en su profético discurso. Volvió al hogar, pero no regresó con su padre.
Con el pulso enfebrecido y el corazón palpitante, se precipitó en una plantación que se hallaba en la parte posterior de la casa paterna. No tenía ninguna intención de aliviar sus sentimientos por medio de una acción violenta. Corriendo velozmente llegó de pronto a una cantera abandonada que estaba llena de agua, que había sido durante mucho tiempo uno de los lugares familiares, en calidad de piscina. Muchas veces en los años pasados se había sumergido en aquella agua profunda. Había jugueteado allí en el abandono de la exuberante juventud. Tenía una profundidad de unos treinta pies. La profundidad del agua era probablemente mayor. La práctica constante lo había convertido en un experto a la hora de sumergirse y nadar, llegando a sentirse en casa en el agua, como si fuera un verdadero neozelandés.
Despojándose de sus vestiduras, dio los pasos habituales para refrescar su cerebro y su corazón. Se acercó a la renovada profundidad, pero esto no le devolvió su ecuanimidad. Mientras se vestía de nuevo, el sentido de la injusticia se hizo manifiesto con tanta fuerza como antes, y, con él, una profunda indignación, así que, después de llegar a la carretera, hizo una breve pausa y éste fue el punto crítico. Lenta pero decididamente se inclinó hacia la izquierda. Giró su espalda hacia la casa de su padre, y mientras sentía las piedras bajo sus talones, se alejó rápidamente. "



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