No te muevas (fragmento)Margaret Mazzantini

No te muevas (fragmento)

"La operación había terminado. Y yo había vuelto a levantar la mirada: en su interior tenía el color de la desconfianza, del desprecio. Junto a mi segundo ayudante, un joven residente con una bata demasiado grande me miraba absorto. No me había dado cuenta de que estuviese allí, no se había acercado hasta ese momento. Tenía los ojos de quien ha ejercido una voluntad demasiado fuerte sobre sí mismo. Quizá sólo hubiera intentado mantenerse en pie. Quizá tuviera miedo de la sangre. Idiota.
Tiré los guantes, salí del quirófano y entré en el vestuario. Me senté en el banco. La ventana ofrecía la vista habitual del pabellón de al lado, los cristales bajos de las escaleras interiores, por donde pasan los pies de los que suben y de los que bajan. Sólo se ven los escalones y las piernas, las caras quedan tapadas por la pared. Primero pasaron unos pantalones de hombre, después las piernas blancas de una enfermera. Recuerdo que pensé que nada puede salvarnos de nosotros mismos y que la indulgencia es un fruto que cae a tierra ya podrido. Di rienda suelta a todos aquellos pensamientos indecentes y después me sentí tan inútil como un francotirador muerto.
El quirófano estaba abierto y en desorden. En el pasillo, un hombre en camisón se dirigía al baño con un rollo de papel higiénico en la mano. Bajé un poco la cabeza para asomarme por la ventana de guillotina y saludar a las enfermeras, a los ayudantes. Bajaba por el ascensor y dentro de mí sólo había aquello contra lo que había luchado. En la planta baja, junto a aquella puerta ya no había nadie, y por dentro sólo era una sala como todas las demás, una sala de espera para pacientes de diálisis. Dos mujeres con la cara amarilla esperaban su turno sentadas. No, Angela, ella no entró nunca en aquella sala, ni en ninguna otra. Se quedó apoyada en la pared, debajo del póster del mono. No llegó a levantar la cara. "



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