Mi vida (fragmento)Richard Wagner

Mi vida (fragmento)

"Ése era mi nuevo trabajo desde la producción de El holandés errante y Hiller, a quien mostré algunas partes, se formó una muy buena impresión de su valía. Concebía prolongar la fama de mi Tannhäuser con la esperanza de lograr un éxito que, en vista de mis necesitadas circunstancias, me parecía incluso más y más deseable. En el curso de un año desde que había iniciado mi labor operística, muchas habían sido elaboradas con este fin. En septiembre del año 1844 yo había presentado El Rey de Sajonia con una copia especialmente encuadernada del arreglo de pianoforte de Rienzi, dedicada a su majestad. También había concluido El holandés errante, y el arreglo de pianoforte de Rienzi para dueto, así como algunas canciones seleccionadas de ambas óperas que o bien habían sido publicadas o iban a serlo. Aparte de eso, había hecho unas veinticinco copias de las partituras de ambas óperas mediante el llamado proceso de transferencia autógrafa, aunque únicamente a través de la escritura de los copistas. Todos estos gastos hicieron que fuera imperativo enviar mis partituras a diferentes teatros e inducirles a producir mis óperas, en la medida que las exigentes partituras para piano sólo podrían ser vendidas si mis trabajos tenían una buena acogida en los teatros.
Envié la partitura de mi Rienzi a los más egregios teatros, pero todos me devolvieron mi trabajo e incluso El Teatro de la Corte de Múnich me lo devolvió siquiera sin haberlo abierto. Sabía, por consiguiente, lo que podía esperar y me ahorré a mí mismo el problema de enviar mi Holandés Errante. Desde un punto de vista especulativo, la situación era ésta: El ansiado éxito de Tannhäuser llevaría implícito la demanda de mis anteriores trabajos. El digno Meser, mi agente, que era un editor designado por la Corte, había comenzado a sentir dudas y vio que esto era lo único que cabía hacer. Comencé la publicación del arreglo pianoforte de Tannhäuser, preparado por mí, mientras Röckel emprendió El Holandés Errante y un tal Klink se encargó de Rienzi. Meser únicamente se opuso al título de mi nueva ópera, a la que había llamado La montaña de Venus, esgrimiendo el razonamiento de que, al no mezclarme con el público, desconocía las horribles bromas hechas al respecto. Dijo que los estudiantes y profesores de la Escuela Médica de Dresde serían los primeros en mofarse, dada su predilección a este tipo de juegos obscenos. Me sentí lo suficientemente disgustado para consentir el cambio. Al nombre de mi héroe, Tannhäuser, añadí el sujeto de la leyenda la cual, aunque no pertenecía originalmente al mito, fue asociada por mí, hecho que más tarde Simrock, el gran innovador e investigador del universo de las leyendas, a quien tenía en alta estima, se tomó muy mal. "



El Poder de la Palabra
epdlp.com