No sé (fragmento)Eusebio García Luengo

No sé (fragmento)

"Unos cuantos meses después de estos episodios de su vida, que ahora recordaba al cabo de cinco años aproximadamente, Rogelio caminaba hacia su casa a la hora de la cena. Iba cansado y triste. El regreso al hogar, tras de la jornada fatigosa y vacía, se le hacía siempre penoso. Experimentaba una sensación de encierro definitivo, como si penetrase en una cárcel. Le atemorizaba enfrentarse con su propio pensamiento y, más que nada, sumirse en un ambiente que le era incómodo y hostil.
"Otros hombres -decíase Rogelio con desconsuelo- buscan en la casa descanso y olvido de los azares y del trabajo de la jornada. Yo voy a ella temiendo siempre nuevos conflictos y disgustos que precisamente provienen de los seres en los que uno busca confianza y paz.
"Los problemas de fuera no me afectan tan hondamente. Los hombres que tienen negocios o los políticos que juegan, la mayoría de las veces, con abstracciones, no creo que pierdan el apetito o el sueño, ni creo tampoco que se sientan oprimidos en el pecho, pues sus sentimientos o sus pasiones no son heridos en esa raíz de la vida que determina nuestro contento, nuestra felicidad o nuestra desesperación".
Cuando llegó a su casa, salió a abrirle su suegra con el niño en brazos. Rogelio ya era padre. Pocos meses antes le dio Paulina un hijo, cuyo nacimiento al principio apenas trastornó su vida. Poco a poco el hijo llegó a preocuparle angustiosamente.
-¿No ha vuelto Paulina? -preguntó.
-No.
-¿Sabe usted dónde fue?
-No.
-¿Salió con Herta?
-Creo que sí.
Rogelio fue a su cuarto unos instantes; no estaba tranquilo. Carecía de serenidad y de reposo moral para acometer cualquier tarea. Ni siquiera podía leer. Sobre las letras impresas se interponía, confusamente, una muchedumbre caótica de pensamientos, de recuerdos, de preocupaciones sobre su vida, su destino, su vocación, su obra, sobre lo que debía hacer, sobre las dificultades presentes y los temores del futuro. "



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