El insomnio de Bolívar (fragmento)Jorge Volpi

El insomnio de Bolívar (fragmento)

"Como apuntó el historiador mexicano Edmundo O’ Gorman, nuestro continente no fue descubierto por los conquistadores españoles, sino inventado por ellos. O, en el mejor de los casos, reinventado conforme a los dictados de la imaginación medieval: hábitat de monstruos y prodigios, utopía e infierno tropical, espacio fuera del tiempo, refugio de locos y poetas al margen de la civilización. Y todavía hoy, cuando se dibujan las fronteras de Occidente —Estados Unidos y Canadá, la Unión Europea y anexos y, olvidando cualquier precisión geográfica, Australia y Nueva Zelanda—, se excluye sin temor a América Latina, haciendo caso omiso de nuestras reivindicaciones de ser, en palabras de Octavio Paz, una porción esencial, aunque excéntrica, de ese reino (o al menos el “Extremo Occidente” al que se refería el diplomático francés Alain Rouquié). Si nadie nos acepta en ese exclusivo club, no se debe a nuestros problemas de desarrollo o a nuestro pasado indígena, sino a la perenne voluntad europea de mantenernos como receptáculos de sus frustraciones y deseos. De sus fantasías.
No es éste el lugar para discernir las minucias académicas que separan al realismo mágico de lo real maravilloso y otras nomenclaturas semejantes: basta subrayar cómo una categoría artística se convirtió de pronto en una etiqueta sociopolítica. La definición canónica establece que, a diferencia de la literatura fantástica tradicional, donde no escasean la magia o los milagros, la característica esencial de su vertiente latinoamericana es la indiferencia ante lo extraordinario. Una muchacha vuela por los aires, y nosotros alzamos los hombros; un cadáver pregunta por su padre, y bostezamos; el tiempo corre en sentido inverso, y hacemos un mohín de fastidio; los niños nacen con cola de cerdo y, ay, preferimos una telenovela. Como la sinrazón nos gobierna, lo que en cualquier otra parte —más civilizada, habría que añadir— sería considerado antinatural y desataría curiosidad, pasmo o morbo, aquí apenas nos distrae. Cuando los críticos de Cambridge, Harvard o París se llenan la boca con el término realismo mágico, nosotros imaginamos una variante del realismo socialista.
¿En qué papel nos deja esta tesis? Una vez más aparecemos como buenos salvajes, dominados por la superstición y el misterio, habituados a convivir con lo sobrenatural o, en el otro extremo, como un pueblo primitivo que demuestra su apatía ante lo insólito. La interpretación social de un recurso literario adquiere, así, un matiz político perturbador: a los latinoamericanos no nos distingue nuestra fantasía, sino nuestra resignación. Una resignación de turbio origen católico que explica el conformismo que nos convierte en súbditos dóciles, en bien dispuesta carne de cañón, en sucesivas víctimas del colonialismo, el imperialismo, el comunismo, el capitalismo. "



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