Los voladores (fragmento)Peter Stamm

Los voladores (fragmento)

"Veinte años más tarde. El despertador de la radio toca I got you, babe. Una mano golpea sobre el despertador y la música se acalla. Un hombre se levanta, se queda durante un momento sentado al borde de la cama, con el rostro oculto entre las manos. Entonces se pone de pie y sale de la habitación. Lo seguimos hasta el cuarto de baño, luego hasta el pasillo. La cámara da un giro y se aparta de él, se desplaza hacia la ventana y, a través de ella, mira hacia fuera. Hay allí una calle en un barrio pobre. El asfalto está húmedo, pero, a juzgar por la ropa de los viandantes, no hace frío. Como si respondieran a una orden, los extras comienzan a moverse. Un hombre con un ramo de flores pasa como cada mañana, dos mujeres de treinta y tantos años, de largo cabello negro, probablemente extranjeras. Ambas llevan vaqueros y camisetas blancas, una de ellas lleva colgado un bolso pequeño de color azul claro. Caminan a algunos metros de distancia la una de la otra; no obstante, parecen hacer juego, como clones, como hermanas que no saben nada la una de la otra. Se abre entonces la puerta de una casa. El hombre de antes sale a la calle. Lleva el pelo revuelto, y tiene cara de sueño. En la esquina, se compra un vaso de café. Luego camina en la misma dirección que han tomado antes las dos mujeres.
De la acera parten dos escalones que conducen hacia un recinto situado un nivel más abajo. Sobre la puerta puede leerse un cartel: Videocity. Dentro, en el cristal, han colgado otro cartel rojo: Closed. El hombre abre la puerta con la llave, entra y le da la vuelta al cartel. Huele a humo de cigarrillo. El recinto permanece a oscuras aun después de que el hombre encienda la luz. En las paredes hay estanterías llenas de vídeos, y en el extremo posterior del recinto hay un mostrador con una caja registradora y un pequeño aparato de televisión. La puerta que está detrás conduce a un cuarto diminuto con baño, una vieja nevera sobre la que reposa una manchada máquina de café y un armario tambaleante que parece recogido del punto limpio. El hombre conecta el televisor y la caja registradora y pone el café. Sólo entonces se quita la americana.
No viene nadie en toda la mañana. Hacia el mediodía, entra a la tienda una mujer bajita, tal vez de unos cincuenta años, y echa un vistazo. Lleva puestos unos zapatos azules y una chaqueta de hilo. Tiene cierta expresión de consternación en el rostro. Hace entonces como si se hubiera equivocado de puerta. Sin decir palabra, se marcha de nuevo. Es algo que sucede con frecuencia: la gente entra aquí y luego desaparece sin un motivo visible. A veces echan una ojeada a través del escaparate, y otras veces entran con cualquier pretexto. "



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