Les vivants et leur ombre (fragmento)Jacques de Lacretelle

Les vivants et leur ombre (fragmento)

"Tenía alrededor de dieciséis años cuando la abuela decidió que era lo suficientemente mayor como para asistir a las reuniones familiares. Llamó aparte a mi madre, pidiéndole que acudiéramos los dos a un almuerzo ofrecido en honor de los artistas catalanes emigrados desde España. Habría un violonchelista admirable, desconocido en Francia.
-Salió de España con un grupo de jóvenes hostiles al régimen. Uno de ellos huyó incluso tras un motín en Barcelona. Jacques conocerá a esos camaradas que despertarán ideas que él aún ignora.
Mi madre hubo de aceptar. Y llegó el día. Sólo tuve que mirar sus rostros para adivinar que no sería divertido.
-Es por ti, hijo mío, y por tu futuro, por lo que acepté venir, me dijo ella. Y todas esos jóvenes en torno a Linot ignoran que su padre no tenía ningún interés por mí.
Linot es el diminutivo de Aline, el apellido de la abuela.
Nosotros llegamos los primeros. La abuela llevaba ese día un vestido de tafetán color púrpura con unos volantes un poco anticuados, pero avalados por el arte de que sus costureras perfilaran muy bien cada detalle, con un cuello de encaje de manga corta, que rejuvenecía su anciana silueta. Como era habitual, con ayuda de un pañuelo y su mano enguantada, dispuso varios objetos pequeños sobre la mesa y la chimenea. Era una manía suya. Incluso las sirvientas debían frotar con cera perfumada la balaustrada de la escalera. Ni el tiempo ni la radiante gloria de Pasteur habían logrado apaciguar la fobia que sentía al polvo y el horror a los microbios que habitaban el sedoso acolchado de Napoleón III, además de a los cerebros reaccionarios, palabra esta reacción que en el día de hoy adquiría un significado estimulante o excitante, dándole siempre el sentido de una fuerza ominosa, sacudiéndose el caballo para deshacerse lo más pronto posible de esa amenaza en forma de idea. El pequeño pañuelo blanco, las bridas de Alençon y los largos guantes color carne, elegancias a las que nunca renunciaba, contrastaban con sus labores domésticas. "



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