La muerte de un héroe (fragmento)Richard Aldington

La muerte de un héroe (fragmento)

"El padre de Winterbourne, a quien conocí superficialmente, era demasiado sentimental. Su templado ánimo estaba afectado de una nobleza incompetente y egoísta, por ejemplo acostumbraba a permanecer relegado a fin de renunciar a algo que estaba temeroso de hacer o tomar. Tenía un extraño talento para confundir la vida de los demás. Es asombroso el daño que puede ocasionar un buen hombre. Diez pícaros maliciosos harían menos. Arruinó la vida de su esposa por mostrarse demasiado condescendiente con sus caprichos femeniles, así como hizo lo propio con sus hijos, por dejarse llevar por un burdo sentimentalismo e ir dilapidando su fortuna -un pecado imperdonable en un padre, fue pernicioso para sus amigos y clientes al derrochar también su dinero tratando de hacerles el bien, pero sobre todo derruyó su propio ser. Eso fue lo único que él siempre hizo con total y entera minuciosidad. La confusión que cernió su vida desconcertaría a todo un cónclave de psicólogos.
Cuando le expuse a Winterbourne lo que pensaba de su padre, admitió que era totalmente cierto, aunque él prefería sentirse gratificado por la innegable bondad paterna, no siendo lo suficientemente duro de carácter para afrontar aquel egoísmo sentimental. Probablemente el anciano Winterbourne habría actuado de manera diferente a la muerte de George, si las circunstancias hubieran sido otras. Pero estaba tan asustado a causa de la guerra, tan incapaz de adaptarse a aquella beligerancia, a aquella intromisión en la realidad -él no había podido evitar malgastar su vida en continuas evasiones- que se refugió en la religiosidad. Llegó a conocer algunos partidarios del catolicismo romano y leyó con fruición todos los textos que le mostraban y se confesó y lloró ante el sacerdote ante el que lo llevaron. Así que a mitad de la guerra, encontró consuelo en la oración, en la misa diaria y en la redacción de reglas de conducta, sospechando que era como San Francisco de Sales y orando por la beatificación de Thérèse de Lisieux. "



El Poder de la Palabra
epdlp.com