Ubirajara (fragmento)José de Alencar

Ubirajara (fragmento)

"El joven cazador transita a la orilla del gran río. Apoya el arco sobre sus robustos hombros, olvidado e inútil. Las flechas duermen en el sueño de Uiraçaba. El ciervo salta de los arbustos y retoza en la hierba, burlándose del cazador. El jaguar no percibe el tímido ardid; sus ojos buscan a un enemigo capaz de resistir un robusto brazo. El rugido del jaguar sacude las entrañas del bosque y pone de manifiesto su desprecio por el cazador hastiado de vencer. Llama ferozmente al jaguar, fijos los ojos en su floresta. ¿No trata el enemigo de vencer a la terrible muerte en combate? El jaguar ha llegado a una edad en la que su caza otorga fama perenne al cazador. Para ser aclamado como guerrero por su gente ha de realizar una gran hazaña. Piensa en Jandira, la hermosa virgen que guarda en sí el seno de su esposa. El sol, más allá de las montañas de Aratuba, guiña tres veces el entorno circundante al cazador, sin mostrarle un enemigo digno de valor. La sombra poco a poco desciende desde la montaña y el peso del dolorido valle cae sobre la faz del jaguar. El joven cazador empuña una lanza de dos puntas, hecha de púrpura craúba, más rígida que el hierro.
Ningún guerrero ha blandido jamás su arma con tal fiereza. Permanece el joven en medio de la pradera, su mirada, torva e irascible, atisba la bóveda celeste y de sus labios se pierde un grito de guerra. El rugido retumba terrible a lo largo de los bosques y muere en las cuevas de la montaña. Otro terrible lamento se apresura a desafiarle, mientras el jaguar arremete contra la lanza, que vibra en el aire como las frondosas ramas agitadas por el viento, y gime hasta su raíz. El cazador reposa a la sombra de su lanza. "



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