Perversidad (fragmento)Francis Carco

Perversidad (fragmento)

"A primera vista había algo alarmante en lo concerniente a Emily. Su titánico cuerpo, sus interminables piernas, su expresión de estupefacción, su enervado mostacho de color amarillento. Aterrorizaba a los niños del barrio, que instintivamente le evitaban. A pesar de ser absolutamente inocuo, incluso las sirvientas en sus dispensas cotidianas se paraban al encontrarse con él y prudentemente se hacían a un lado para cederle el paso. Él, en cambio, seguía su camino sin siquiera mirarlas.
Incluso, la propia Irma, cuando escuchaba que se acercaba, temblaba un poco de miedo.
De cualquier modo, ella conocía a Emile y estaba acostumbrada a sus rarezas. Había advertido que su mirada era la propia de un autómata que repudiara a todo ser con quien hubiera de entrar en contacto. Su primera esposa, ahora fallecida, trató vanamente de conquistar su mórbida sensibilidad que lo enajenaba de todo. No había cambiado. A la edad de treinta y cinco, en el mes de junio, Emile contrajo de nuevo matrimonio con una viuda que le fue infiel y le dejó después de la guerra por un belga a cuyo país se fue a vivir. Emile no parecía afectado por ello y simplemente se fue a vivir a un hotel. Algún tiempo después sugirió a su hermana, aparentemente por motivos económicos los cuales ella misma compartía, que vivieran juntos en un mismo piso y así procedió.
Pensó que se hallaba en un lugar en el que a pesar de las idas y venidas de Irma, su comodidad sería justamente sopesada. Entonces una noche, alrededor de la medianoche, fue despertado por un ruido inusual. Emile escuchó. En la habitación de La Rouque un hombre estaba hablando sin tomarse la molestia de bajar la voz y la chica -lejos de enmudecer su alta voz- le respondía con animación. Una o dos veces Emile escuchó reír y protestó gruñendo. "



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