La intrusa (fragmento)Éric Faye

La intrusa (fragmento)

"Se dice que los bambúes del mismo tronco florecen el mismo día y mueren el mismo día, por lejanos que sean los lugares del mundo en que los planten. Pascal Quignard.
No pasaban de las cinco de la tarde cuando el tranvía me dejó en mi calle con una bolsa de la compra en cada mano. Entre semana no es frecuente que regrese tan temprano, así que tuve la sensación de entrar como un ladrón.
Seguramente, "como un ladrón" es un poco exagerado, aunque... Hasta hace bien poco no solía cerrar con llave cuando salía. Nuestro barrio es muy tranquilo, y en el vecindario hay varias ancianas (la señora Ota, la señora Abe y alguna otra que vive un poco más lejos) que se pasan el día en casa. Cuando vuelvo cargado, resulta cómodo haber dejado abierto: bajo del tranvía y sólo tengo que andar unos metros; luego tiro de la puerta corredera y ya estoy en casa. Lo que tardo en quitarme los zapatos y ponerme unos calcetines, y empiezo a guardar la comprar en los armarios de la cocina. Después, me siento y respiro. Pero ese día no pude darme ese lujo: al ver el frigorífico, mis temores de la víspera despertaron con un sobresalto. Sin embargo, al abrirlo, todo me pareció normal. Todo estaba en su sitio, es decir, donde estaba por la mañana, cuando me fui. Las verduras envinagradas, el tofu en cubitos, las anguilas para la cena... Examiné con atención las bandejas de cristal. Salsa de soja y rábanos, laminarias secas y puré de judías pintas, pulpo crudo en un tupperware... En el estante de abajo, las bolsitas triangulares de arroz con algas eran exactamente cuatro. Y allí estaban las dos berenjenas. Respiré aliviado; además, estaba seguro de que la regla también me tranquilizaría. Es una regla de acero inoxidable de cuarenta centímetros de longitud. Pequé una tira de papel blanco en el canto no graduado y a continuación sumergí la regla en el tetrabrik de zumo multivitaminado (A, C y E) que había empezado esa mañana. Esperé unos segundos, los suficientes para que mi sonda lentamente se empapara, y la saqué lentamente. No me atrevía a mirar. Ocho centímetros, comprobé. Sólo quedaban ocho centímetros de los quince que había cuando me marché. Alguien se había bebido el resto. Pero vivo solo. "



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