La sociedad sitiada (fragmento)Zygmunt Bauman

La sociedad sitiada (fragmento)

"La "revolución administrativa", en su apogeo cuando James Burnham la descubrió y presentó como (¿qué otra cosa podía ser?) otra determinación histórica inevitable, no ha hecho sino enfrentarse a su propia contrarrevolución y restauración, y acabó por verse obligada a retroceder. Por estos días, el arte de la administración consiste cada vez más en negarse a administrar y en dejar aquello que antes era objeto de administración librado a "su propio equilibrio", como las divisas en los actuales mercados desregulados. La dominación ha sabido encontrar estrategias más suaves, menos trabajosas, menos incómodas y menos coercitivas que el antiguo modelo de vigilancia ubicua, meticulosa regulación minuto a minuto de espíritu taylorista, y de densas redes de sanción: un modelo que exigía el establecimiento de aparatosas oficinas administrativas y el envío de destacamentos permanentes al territorio conquistado. Al parecer, el capítulo de la historia marcado por el orden disciplinario encarnado en la figura del panóptico está a punto de cerrarse. Siguiendo el camino de las fábricas "fordistas" y de las barracas para alojar a los conscriptos masivamente reclutados, las estructuras de tipo panóptico, torpes, inmanejables, problemáticas, y sobre todo costosas, están siendo desmanteladas y retiradas de circulación.
Ya no corresponde a los administradores mantener a sus subordinados en vereda y guiarlos en cada movimiento de sus vidas; y si de vez en cuando esa tarea recae sobre ellos, tiende a considerársela improductiva y económicamente insensata. Ahora son los subordinados quienes deben competir con sus pares para llamar la atención de sus superiores, buscando hacerles desear la compra de un servicio que en el pasado había sido su obligación proveer. Como señala el economista de la Sorbona, Daniel Cohen, "ya no hay más cuellos blancos que les den órdenes a las tareas que les toca cumplir". No queda mucho espacio para la administración de los administradores, una vez que los administradores pasan a ser quienes deben mostrar su utilidad y convencer a los administradores de que no se arrepentirán de haberlos contratado. Se ha "conferido poder" a los empleados: el dudoso poder que les confiera la responsabilidad de hacerse importantes y valiosos para la compañía que los emplea. "Ya no es la compañía la que supervisa a sus empleados. Ahora les toca a ellos demostrarle su utilidad a la compañía".
Esta fatídica ruptura ha sido recibida por muchos con panegíricos inspirados en un entusiasmo a prueba de dudas. La disolución de las rutinas de matriz administrativa fue aclamada como un hecho histórico de "empoderamiento" a la humanidad, el triunfo final de la autenticidad individual y la autodeterminación que la modernidad en su primer período había falseado de modo abominable en otorgar, y había producido en cambio, y en grandes volúmenes, la mentalidad obediente, cobarde, abúlica y conformista de lo "dirigido por otros". Puede que la ruptura que estamos experimentando en el presenta sea todo lo que sus adoradores y panegiristas afirman que es. "



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