Un viaje de invierno (fragmento)Juan Benet

Un viaje de invierno (fragmento)

"Dejó entrever el todavía nacarado casi imaginario brillo de una carne largo tiempo oculta y ocultada en las vísperas y en virtud de la metamorfosis de cristales y ropas no tanto parecía rejuvenecer cuanto, remontando el breve curso de los días venideros y la distancia que la separaba de su residencia en las cercanas pero remotas tierras de su padre, en los mismos linderos de Mantua, transustanciaba el cuerpo de Coré.
Así pues, era el anuncio de su próxima, quizás inminente llegada, advertida ya antes por el calendario. Pero el gesto quería decir justamente lo contrario: "Advierte que no es el calendario quien la trae. Nada que esté previamente establecido puede hacerla venir, su padre no lo permitiría. De ser alguien será lo indeterminado y ni siquiera el clima cuenta con el prestigio necesario para atraerla. Nos la devuelve nuestra propia... ¡ah! Por el contrario sí se puede decir -y el error es de poca monta- que con ella se inicia el calendario aunque nunca deberás deducir que con ella termina". Sin embargo, comprendió que no podía ser demasiado explícito, incluso con el silencio; y en ningún momento se sintió menos facultado para dar por buena su adivinación, para interpretar como un plácet -que convirtiera la conjetura en posibilidad- el tímido signo de aprobación. Ni siquiera a ese segundo o tercer escalón el lenguaje que cambiaban en invierno podía ser homologado con el intercambio de signos inequívocos que, acostumbrado a fundamentar en la serie de las sospechas la polivalencia de aquéllos, podría desembocar alguna vez en una afirmación que destruyera la ambigüedad de todo el discurso, incluyendo en él los términos más elusivos del pacto. Era por consiguiente un beneplácito, que dejaba a su arbitrio cómo interpretarlo, y del que además nada le importaría un día desdecirse porque en su casa no había lugar para el arrepentimiento. "



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