La importancia del demonio (fragmento)José Bergamín

La importancia del demonio (fragmento)

"Nuestra vida y no nuestro sueño es la que vigila alerta el Demonio: la que nos vela vigilándonos con la luz tenebrosa de la muerte.
Por eso está, efectivamente, todo el hombre en el sentido de la vida: por el contrasentido de la muerte.
Sentimos nuestra vida porque estamos despiertos y en esa vigilancia de la vida sentimos la muerte; sentimos al Demonio, que es la voluntad de la muerte; porque no podíamos sentir la muerte sino como una voluntad contraria a Dios, contraria a la vida: como voluntad del Demonio. Y es esta voluntad la que tocándonos en lo que sentimos, y en lo que más sentimos, la que dividiendo nuestro común sentir, nos precisa y apura toda la vida en sensaciones separadas: para engañarnos. En los datos inmediatos de nuestra conciencia, según los observó Bergson, podemos descubrir fácilmente estas maquinaciones intelectuales del Demonio. Todas nuestras espacializaciones vivas, por decirlo al modo de Bergson, son las cadenas del Demonio, las que nos hacen esclavos suyos. Por eso todas las metafísicas intelectuales o racionales que se han inventado, todos los sistemas metafísicos, desde el de Aristóteles hasta el de Hegel, no son otra cosa, en definitiva, más que unas lógicas del Demonio.
El Demonio divide, para vencemos, nuestro total sentido humano de la vida en muchos otros: lo divide en todos sentidos; y en cada uno de estos sentidos, nos tienta: esto es, que nos toca perceptible o imperceptiblemente, para confundirnos: para confundir nuestra percepción natural y sobrenatural del mundo. Por eso, la percepción del mundo que tenemos por nuestros sentidos, desde la caída de Adán, es una percepción confusa: una percepción del Demonio; y percibimos al Demonio confusamente por nuestros sentidos porque lo primero que el Demonio causa en nosotros es sensación, es una pura sensación; es eso que llamaba Leibniz una idea confusa; y lo es, porque en esta confusa percepción que tenemos primero del Demonio no podemos hacernos todavía idea ninguna de él; lo que se dice una idea del Demonio, no la tenemos todavía. Por eso es natural que el Demonio, por el solo testimonio de los sentidos, en los que toca, no tenga, aún, para nosotros, realidad ninguna; no pueda tener realidad; porque para tenerla, tenía que ser, primeramente en nosotros, una idea –la realidad es cosa de idea-, y el Demonio no es, ni puede ser, una idea nuestra: ni una simple cosa de ideas para nosotros; aunque nosotros podamos tener una idea del Demonio, que esto lo lograremos sólo concibiéndole imaginativamente unido o único, o, como dijo en un verso admirable Víctor Hugo: unificado por la sombra. El ser múltiple —dice el verso de Víctor Hugo— vive en mi unidad sombría. Es esta multiplicidad del ser unida por la sombra, la que nos da una idea del Demonio; no una sensación; su sensación no nos puede dar idea, sino sensaciones a su vez. Así podríamos decir que al Demonio se le percibe como múltiple y se le concibe como uno: como único. Porque una cosa es tener sentido del Demonio y otra cosa es tener conocimiento de él. "



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