El nuevo y el viejo París (fragmento)André Billy

El nuevo y el viejo París (fragmento)

"Tantas veces se ha dicho que contemplar una clara mañana primaveral en las cercanías del Bois de Boulogne significa disfrutar de una de las más bellas vistas del mundo, a no ser que su dubitativa mirada se permitiera dudar de las fuentes. Pero entonces no disfrutaría del esplendor matinal del Bois de Boulogne. ¿Podría la fértil imaginación, en lugar de las postales y las novelas parisienses, representar el paisaje condensado de raras especies arbóreas y pintorescas casas sito en el horizonte del Arco del Triunfo? Habrá quien no haya estado en Corinto, pero nadie puede ignorar la excelsitud de la avenida del Bois de Boulogne... A excepción del retrato de Napoleón I, no es posible encontrar en esta vasta tierra nada más popular que esta avenida...
Me equivoco: los Campos Elíseos.
Se ha dicho tantas veces que contemplar un ardiente ocaso en los Campos Elíseos es uno de los espectáculos más hermosos del mundo, que no nos permitiríamos dudar de las fuentes. Pero, ¿quién no ha contemplado el ardiente crepúsculo sobre los Campos Elíseos?...
Lo más extraordinario es que la leyenda es correcta, pues los hombres no han concebido nada más digno que estos dos gigantescos monumentos.
Ellos son desiguales.
Uno, los Campos Elíseos, es esencialmente urbano. La plaza de la Concordia, donde comienza, reúne las principales estatuas, balaustradas y columnatas decorativas.
Tanto los corceles destinados por Guillaume Coustou al castillo de Marly como la adecuada locomoción de Favenue constituyen un símbolo radiante y en absoluto anacrónico. El torrente de vehículos retumba entre sus pedestales, a lo largo de varios cientos de metros, donde culmina la rítmica fiebre de la ciudad moderna.
Por otro lado, después de la rotonda, desaparece el verde, reemplazado por la impasible alineación de casas de granito que parece abrirse solemnemente a la inmensidad. "



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