Camisa limpia (fragmento)Guillermo Blanco

Camisa limpia (fragmento)

"La pluma anota: Por las calles por donde pasó la procesión fue tanto el número de gente que ocurrió a ver a los penitenciados que no es posible contarla: baste decir que cinco días antes se pusieron escaños para este efecto, y detrás de ellos tablados por una banda y otra de las calles, donde estaba la gente dicha, fuera de la que había en los balcones y ventanas y techos, y en muchas partes había dos órdenes de tablados, y en la plaza, tres.
Intempestivamente, Elí Nazareo siente entre sueños (¿una presencia?) que lo perturba hasta obligarlo a despertar. Trata de abrir los ojos, pero en el acto lo encandila una luz fuerte, muy cercana. Por instinto o costumbre, articula:
-¿Qué sucede?
Recuerda en el acto que está sordo, y se dispone a buscar él mismo la respuesta que es imposible oír. Poco a poco levanta otra vez los párpados, mirando al principio hacia el suelo, para evitar el resplandor que viene desde arriba. Ahí, en el piso de su celda, formando círculo en torno al poyo donde él yace, distingue varios pares de pies. ¿Tantos?, se asombra. Pies, botas, lanzas, una espada, un sayal.
Elí Nazareo se incorpora con trabajo, alza la vista: el inquisidor Andrés Juan Gaitán se yergue frente a él, con unos grandes pliegos escritos en la mano. A su izquierda y a su derecha, sendas parejas de soldados sostienen velas y alabardas, mientras junto a una de las jambas, a la entrada, espera inexpresivo un monje de la orden de Santo Domingo. "



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