Vecina amable (fragmento)Guillermo Blanco

Vecina amable (fragmento)

"Después de aquel día de sombras, volvió a sumirse en sus labores, llenando el patio común con la música de sus herramientas y la fragancia de las tablas cepilladas.
-Paz, Ariel.
-Paz, Yosef.
Sin habérmelo propuesto solía observarlo de reojo, con las palabras insidiosas de Hulda revoloteando en el interior de mi mente. Tuve la impresión de que algo había cambiado en su persona. Aunque me resistiera a creerlo, el cambio estaba ahí: Yosef aserraba, pulía, martilleaba, en un remoto silencio. Desde lejos. Pero no era el hecho de que callara, sino la opacidad de aquel mutismo suyo. Influido por Hulda, yo me preguntaba si él daría vueltas en su cerebro a un dolor o a una ira imposible de superar. Apagado, desvivido, se inclinaba sobre sus tablas y sus troncos como quien camina sin saber qué rumbo tomó ni para qué, ni si valdrá la pena continuar siguiéndolo. Sus manos, antes tan bellas trabajando, trabajaban sonámbulas, con un eco gris de su anterior destreza.
Una noche, mientras cenábamos, me aseguré de que Yohanán dormía ya en su estera y me atreví a preguntar a Rut qué pensaba ella del asunto. Permaneció muda largo rato, y yo la observaba en espera de una respuesta o -más probable- de un reproche por atreverme a mencionar aquello. Había alcanzado a arrepentirme en el momento en que ella abrió los labios para decir únicamente:
- Miram es una buena mujer. "



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