Hombres y libros (fragmento)Rufino Blanco Fombona

Hombres y libros (fragmento)

"Por aquel tiempo -comienzos del siglo XX- vivía yo mi juventud alegremente. Dinero, mocedad, salud, despreocupaciones, amor del arte, del placer, de la política, de las aventuras, del peligro... ¿qué me faltó? Los demás -y aun yo mismo- esperábamos de mí cosas estupendas.
¿Qué cosas? No podría precisarlo. Me batía en duelo, sin odio, por quitarme allá esas pajas; tenía amiguitas, caballos, perros, escopetas, espadas; habitaba un coquetón apartamento en la plaza de la Magdalena, en París; escribía versos; defendía, desinteresado, las causas justas; era campeón del ideal... No pudiera decir como el poeta español que a los treinta años mi alma yaciera "apagada y fría". Al contrario. Los treinta años cantaban en mi corazón canciones dionisíacas. Era feliz. Rubén Darío no me llamaba sino "el príncipe".
Enrique Gómez Carrillo y yo nos reuníamos todas las tardes en el Círculo de la Esgrima; hacíamos cortos asaltos, nos duchábamos y luego nos íbamos a Calisaya, al aperitivo, para regresar a comer al club o meternos en algún restaurante del Boulevard. A media noche subíamos a Montmartre.
¡Qué mundo tan vario y sugerente frecuentábamos! Escritores, cancionistas, músicos, pintores, grisetillas. Los amores no duraban nunca arriba de una semana o dos. Recuerdo cierta guapa niña a quien le gustaba pegar para que le pegasen: me propinó una noche una torta que resonó en todo "Cyrano". De entonces conservo un retrato que me hizo el dibujante ruso Widoff. Rubén a veces nos acompañaba y se arrinconaba a charlar con algún amigo de su preferencia como el lúgubre poeta y cancionista Jehan Rictus, sobre quien escribió amenísimo artículo. No hacía asco a las mujeres, pero nunca gozó entre ellas de prestigio.
Sí, con su cabello gris se acercaba -según más tarde cantó- a los rosales del jardín. Las mujeres reían de aquellas aproximaciones, dando a entender... lo que cada quien quisiera.
-Plural ha sido la historia de nuestros corazones -solía decir desde entonces.
Y Carrillo, cínico, corregía la frase:
-Plural ha sido la historia de nuestra concupiscencia. "



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