La señora Parkington (fragmento)Louis Bromfield

La señora Parkington (fragmento)

"Los ojos de Harriette reflejaban estupor y alarma, porque probablemente era la primera vez en su vida que oía expresiones como "Dios me maldiga" o "mal nacido", pero los de Aspasie y la señora Ogden mostraban el brillo que suele aparecer en la mirada de las mujeres ante el magnífico espectáculo de un hombre furioso cuya ira no va dirigida contra ellas. Aspasie llevaba un vestido negro y recatado, con una pañoleta blanca, que estilizaban su fealdad y su hermosa figura y les daban un aire trágico. Vestía así porque horas antes había recitado ante los invitados unas estrofas de Fedra y el largo parlamento de Célimène, de El misántropo. La señora Ogden lucía un vestido de terciopelo morado, el broche de diamantes más famoso de Nueva York y una pluma prendida en el cabello. Harriette, ataviada con un traje de tafetán gris, parecía un ratón. Cuando la pastora cayó de la chimenea, la señora Parkington revivió la escena con absoluta claridad, como si ocurriera en aquel preciso momento y no sesenta años atrás.
El pastor y la pastora habían formado una pareja que hasta que Gus hizo trizas el pastor. Eran unas preciosas figuras de porcelana, delicadas y caras, que Susie había admirado en el escaparate de Tiffany; poco después de Aspasie las compró por encargo del Mayor, que se las regaló a su esposa el día de su cumpleaños.
Y en aquel momento Gus había arrojado al pobre pastor al otro lado del salón y lo había estrellado contra la pared.
Susie oyó decir a la señora Ogden:
-No debería haberlo hecho, Gus. La pobre Susie ya lo ha pasado bastante mal. Tendría que haber pensado en su estado. "



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