Something to answer for (fragmento)P.H. Newby

Something to answer for (fragmento)

"Por un instante él se balanceó sobre su oído y hombro derechos, sus pies meciéndose en el aire. Mientras se balanceaba vio a una joven en traje de baño. Ella permanecía con sus piernas ligeramente separadas y se mostraba totalmente relajada y alegre. Sus brillantes muslos y pechos fruncidos hicieron que Townrow pensara que ella debía sentirse la persona más dichosa en el orbe. Más allá de ella, se propalaba un cielo vespertino de nubes acanaladas y una de las torres de la catedral de rojo ladrillo. Se sintió enardecido, se desplomó y quedó tendido de espaldas, mirando hacia Elie con ojos ansiosos.
La muchacha debió de ir hacia otra parte de la playa o había sido un espejismo, porque Townrow no la vio más. De las dos posibilidades pensó que la que más le gustaba era la del espejismo. La misma ciudad se estremeció tras su resplandor. El sol asomaba lo suficientemente bajo como para poder distinguir las rojizas nubes. Tras las palmeras del Casino Palace Hotel perdía su color, menguado y quebrado por el raudo alzamiento de la asiática noche. Hormigón, acero, hierba, arena y el agua salada proyectan un ardiente halo de sensualidad en su rostro. Pudo oler el perfume de Egipto, desde el barro del Nilo hasta las mazorcas de maíz tostado del rompeolas de De Lessep. Ninguna mujer corriente hubiera suscitado tal efecto en él.
Mientras se afeitaba, un músculo se movió en la esquina de su ojo izquierdo, dejó la navaja y contempló los tejados del norte londinense. Era un día gris. Quizás no sería mala idea estar fuera de Inglaterra un par de meses.
En Roma había que esperar alrededor de una hora y Townrow empleó ese tiempo en el bar del aeropuerto. Un hombre de alta estatura, vistiendo un caro panamá, se acercó a él y le preguntó:
-¿Usted, inglés?
Townrow se percató de que el hombre era mucho más joven de lo que parecía. A pesar del peso, la escalinata y los trémulos controles de color azul, calculó que probablemente rozaría la treintena. Su vocabulario era bueno, no tanto su acento, un tanto torpe.
-Soy de Israel. Soy periodista. He estado en los Estados Unidos de viaje.
Además Townrow había ya un hombre sentado en la mesa. Desde la pista podía divisarse la torre de control. A causa del calor, el aire ondulaba sobre el asfalto como si fuera agua y los principales edificios cercanos a la torre de control se hallaban presos del mismo efecto. Ese otro hombre se había estado lamentando de las condiciones atmosféricas, diciendo que sería incluso peor que en Atenas. Se trataba de un griego que trabajaba para una Agencia de viajes en París.
-¿Qué puedo hacer por usted? -preguntó Townrow al hebreo. No le pidió al hombre que se sentara y como él mismo estaba sentado, la atmósfera no era de lo más cordial. El israelí pareció enfurecerse. Tal vez estuviera algo ebrio, pero no, no era eso.
-En marzo de 1942 -dijo el israelí- Yo estaba viviendo en Budapest con mi padre y mi tío. Nosotros escuchábamos la BBC, por supuesto. ¿Por qué su gobierno no nos advirtió acerca de esos trenes de la muerte?
-¿Qué trenes?
-Sabe perfectamente acerca de lo que hablo. ¿No es así? -se dirigió al griego, que asintió con la cabeza y le rogó que se sentara en la silla vacía. Aun así, no se ofreció a invitar al israelí a una consumición. Estaba fumando un cheroot y bebiendo whisky. "



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