Fernando VI y Doña Bárbara de Braganza (fragmento)Alfonso Danvila

Fernando VI y Doña Bárbara de Braganza (fragmento)

"Pero todos aquellos regocijos se vieron muy pronto turbados por la indisposición de la Reina, a quien una disposición hereditaria de la casa de Saboya, agravada por la consumación del matrimonio a los trece años y medio, arrancó a las nacientes esperanzas de una felicidad conquistada a duras penas. Ya en 1710 escribía María Luisa a Luis XIV pidiéndole permiso para trasladarse a Bagnéres con objeto de tomar las aguas; pero inconsciente aún del peligro que la amenazaba, acompañaba el proyecto a la idea de un viaje triunfal a Versalles para abrazar a su glorioso abuelo.
La enfermedad, sin embargo, minaba lentamente la naturaleza de la Soberana, que para disimular los defectos que algunos tumores producían en su cuello, inventaba la moda de un rebocillo hábilmente colocado, que pronto se hacía popular. El embarazo del Infante D. Fernando aceleró la muerte de su madre. Aunque el nuevo Príncipe nació, según el Marqués de San Felipe, tan sano y robusto como si saliera de unas entrañas de ningún mal infectas y el parto se verificó sin gran trabajo, la Reina quedó mucho más débil y con calentura continua; accidente que hacía desesperar de su salud aun a los médicos más lisonjeros.
Al poco tiempo del nacimiento de D. Fernando se vio obligada su augusta madre a retirarse a su cuarto, y en enero de 1714 se cumplieron los seis meses en que, según los principios médicos de la época, no se le había permitido respirar aire puro ni abrir las ventanas de su cámara.
El alma de la Reina se sentiría probablemente triste y abatida; pero fiel hasta el último momento a sus deberes de Soberana, ni prescindió de sus obligaciones que la etiqueta o la política le señalaban, ni siquiera mostró ante los suyos desaliento o flaqueza. "



El Poder de la Palabra
epdlp.com