La casa blanca (fragmento)Charles Paul de Kock

La casa blanca (fragmento)

"El extranjero se levantó bruscamente y se adelantó hacia Isaura, que poseída de un sentimiento de terror al ver acercársele aquel hombre, retrocedió y dio un grito. Al punto Valiente, creyendo que atacaban a su ama, se levantó, y con la celeridad del rayo acometió al extranjero, mordiéndole en una pierna.
-Detened a vuestro perro con mil demonios, no veis que va a despedazarme... Isaura llamó a Valiente, que sólo con mucha dificultad soltó la pierna que tenía asida, y volvió al lado de su ama gruñendo, y mirando siempre al extranjero con ojos chispeantes.
-Perdonad, caballero, dijo Isaura, pero este fiel animal ha creído sin duda... que me amenazabais...
-Voto a... ¿por qué gritáis? ¿Por qué me acerco a vos? Pensáis que voy a comeros... ¡Qué necias son estas muchachas!... ¡Diablos!... me ha atarazado... Si recibiese lo mismo a vuestros jóvenes, me parece que no vendrían con tanta frecuencia... Pero no gritáis cuando se os acercan... ¿no es así?... Adiós, hermosa discreta... Bien pronto sabré lo que ahora os negáis a decirme... Si, sabré todo cuando os concierne... No creo que seáis hechicera, pero tampoco que sea natural que habléis como las señoras de la corte, que sólo viváis con vuestras ovejas, y que seáis bastante rica para dar de comer gratis a cuantos llegan a vuestra morada... Aquí hay algún misterio, y yo lo descubriré, niña; porque ya os lo he dicho, a mí no me engaña nadie, y no creo ni en la inocencia que corre las praderas y los campos, ni en el amor platónico, ni en la ciencia infusa. Adiós.
El desconocido volvió a tomar su sombrero y su báculo, y salió lentamente de la casita, después de dirigir a la joven una mirada de desprecio. Isaura comenzó a respirar con más libertad al ver alejarse de su casa a aquel hombre; y Valiente, que no había cesado de gruñir desde su lucha con el extranjero, salió a la puerta para seguirle con la vista, y no volvió a entrar hasta que estuvo muy distante. "



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