Ritos y mitos equívocos (fragmento)Julio Caro Baroja

Ritos y mitos equívocos (fragmento)

"La dendrolatría en el norte de España, en las provincias vascongadas, Santander y Asturias, tuvo siempre caracteres muy definidos a consecuencia de la vegetación forestal que hay en aquella zona, caracteres que se asemejan de manera evidente a los que tuvo el culto a los árboles de los viejos países europeos del centro y del septentrión.
Estas formas en síntesis son tres: veneración por los árboles y bosques en general; veneración por determinados árboles y bosques en particular; veneración por los espíritus que habitan los árboles y los bosques. Tales espíritus son muchos y de diversa índole. Aquí no nos fijaremos más que en los más característicos. Aparte de esta veneración religiosa, pero sin duda derivada de ella, queda todo un cuerpo de principios de Derecho, más o menos consuetudinarios, más o menos estrictos, que hacen que los árboles, y antes que ninguno el roble, tengan un significado profundo en la vida colectiva, política y legal.
Los númenes más conocidos de los bosques de la antigüedad clásica son los sátiros y las ninfas (dríadas y hamadríadas) en Grecia, los silvanos y faunos en Roma. No es cuestión de hacer un resumen de lo que se creía acerca de ellos. La mitología estética y superficial de los poetas y escritores de otra clase (retóricos, etc.), griegos y latinos, quitó, en parte, a estos seres el aire rústico y natural con que se los imaginaron los hombres del campo. Por eso en el folklore de Europa, en los países en que no hubo en la antigüedad un desarrollo literario considerable, los autores modernos han podido recoger creencias tocantes a espíritus o demonios de los bosques, de aspecto a veces más primitivo que el de las clásicas, pero claramente relacionadas con ellas. Sobre el paralelismo de unas y otras se fundan las teorías de Mannhardt, seguidas por Frazer.
En este aspecto de la religiosidad y de la mitología europeas particularmente, en el que autores de principio de siglo verían con mayor claridad el tránsito del animismo (en el sentido en que lo definió E.B. Tylor, por no hablar del "animatismo" anterior) al politeísmo. Hay una serie de datos filológicos y folklóricos por los que se puede ver como el árbol al que se cree en un principio en sí divino, va convirtiéndose en mansión de la divinidad después, o tiene un doble divino, o una divinidad tutelar. La distinción entre las dríadas y las hamadríadas (de aire más arcaico) es de las más significativas en este aspecto. Divinidades que en un tiempo se consideraban como tutelares de los árboles, parece que antes "fueron los mismos árboles" o "habitaron en ellos". "



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