Carlota Ángela (fragmento)Camilo Castelo Branco

Carlota Ángela (fragmento)

"Cuáles eran los consejos acerca del ornamento de los auditorios portuenses tendremos ocasión de tratarlo oportunamente.
Ocho días después de tramar la conspiración contra los amores reservados de Carlota Ángela, fue designado Norberto de Meirelles como teniente de la marina.
Francisco Salter de Mendoza era un muchacho de la ciudad de Lisboa, uno de los más distinguidos alumnos de la escuela naval, reformada por el inteligente ministro Martinho de Mello e Castro. Tenía dotes corporales que lo diferenciaban y virtudes que sus amigos calificaban como inusuales.
Amaba profundamente a Carlota Ángela, aunque, en principio, al ser ella hija única de un enriquecido comerciante encarecía más el galanteo. Sintió que su amor había sido manchado por la ignominia del cálculo, llegando a preferir que ella fuese pobre al igual que él. Largo tiempo la cortejó sin revelarse sus honestas intenciones, esperando que fuese ella la que le diese el consentimiento de dirigirse a su padre. La certeza de que no le darían el consentimiento, porque entonces como ahora el novio era pesado en la balanza de la fortuna y el contrapeso de los sentimientos apenas significaba nada. Sin la predisposición o el auxilio de la ley, Mendoza nunca podría quererla hasta el momento en que ella prometiera huir de su casa sin el consentimiento del padre.
Trazado el plan, Mendoza, como dijimos, buscó a Norberto de Meirelles y fue cortésmente recibido. Dijo el motivo de su visita y no divisó en los rasgos del rico varón el menor signo de espanto, ni siquiera de sorpresa. Acababa de hablar, y escuchó, con extraño júbilo, la siguiente respuesta:
-Si mi hija consiente en ser su esposa, en nada me opongo. Si mi hija lo ama, entonces es que es digno de ella.
-Espero -interrumpió Mendoza- ser merecedor de todo ello.
Norberto no supo responder convenientemente a esto, porque deseaba decir unas pocas palabras y temeroso de olvidar el resto, continuó:
-Tenga la certeza de que la voluntad de mi hija es la mía propia. Tengo, sin embargo, que pedirle un favor que no recusará al padre de Carlota.
-¡Oh, señor! ¿Qué podría pedirme que yo no considerara como una orden de la persona que amo desde este momento como un padre?
-El cumpleaños de mi hija será en un mes y deseaba mucho que ella festejase en mi compañía sus diecisiete años como soltera.
-Señor Meirelles, pídame todos los sacrificios que humanamente sean posibles y nunca podré amortizar la dicha de este momento decisivo para la felicidad de toda mi vida. "



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