La sombra cazadora (fragmento)Suso de Toro

La sombra cazadora (fragmento)

"El que lucha con monstruos tiene que tener cuidado de no transformarse él también en un monstruo. Cuando estás mucho tiempo escrutando un abismo, éste al final acaba por escrutar en tu interior. Friedrich Nietzsche.
Algunas noches las pasábamos mi hermano y yo despiertos y abrazados, los ojos inútilmente abiertos, escuchando aquella tétrica disputa encima de nuestras cabezas. Ese miedo a lo que pudiese haber en el desván, como otras cosas tristes, era una parte inseparable de la rutina cotidiana.
Por lo demás, nuestra casa era bastante bonita, aunque no tenía muchas comodidades. La débil luz eléctrica la obteníamos de un generador accionado por la corriente de un pequeño riachuelo que cruzaba nuestras tierras. La cocina era de leña, que mi padre cortaba. Eso era lo que más le gustaba hacer. Aunque cortar leña de un bosquecillo de castaños era un trabajo duro, lo prefería a labrar las tierras o cuidar de los animales. No es sólo que no hubiera sido educado para aquel tipo de vida, sino que tampoco ponía ánimo ni convencimiento en lo que hacía. Hoy sé que era un exiliado que vivía un destino impuesto.
Eso sí, teníamos un pequeño frigorífico y un congelador para guardar el pescado y la carne que mi padre compraba fuera, pues no sólo comíamos la carne de nuestro corral.
A pesar de estas incomodidades, cuando veía nuestra casa en un día de sol desde la era o desde lejos era verdaderamente bonita. En verdad se parecía a las casitas dibujadas en los libros infantiles de cuando mamá era niña. Y la comparación es adecuada porque también esos cuentos me daban miedo, pero lo cierto es que a pesar de todo esas casitas bien trazadas con tejado de caperuza siempre me gustaron. Alguna vez llegué a pensar que mi vida se parecía mucho a un cuento infantil, incluso en lo de la casita.
Andaba casi siempre ocupada en los trabajos de la finca y de la casa y en cuidar a mi hermano, así que no me quedaba mucho tiempo para el ocio.
Bueno, esto tampoco es del todo cierto. La verdad es que había temporadas, sobre todo en invierno, en las que no había mucho trabajo y sobraba tiempo para cocinar platos esmerados, incluso extravagantes, y hasta para jugar al ajedrez con mi hermano, que casi siempre me ganaba, y sobre todo para leer. "



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