La pena de Bélgica (fragmento)Hugo Claus

La pena de Bélgica (fragmento)

"Las campanas de Roma llegaron volando para traernos los huevos de Pascua. Mamá había escondido un huevo de chocolate detrás de la taza del váter; Louis lo encontró enseguida y se lo comió entero, cosa que en el internado nunca hubiera estado permitido, por considerar las hermanas que demasiado chocolate era malo para el hígado. Mamá pensaba que él todavía creía en huevos que caían de la tripa de las campanas, en cigüeñas, en Santa Claus y en coliflores con niños dentro. O el cuento ese de que los alemanes habían robado en la guerra del 14 las campanas de la iglesia de su pueblo, Bastegem, para hacer cañones con ellas. Las campanas repicaron durante toda la mañana, y cuando Louis tuvo que ir a por galletas y barras de pan notó cómo los paseantes, que se habían puesto sus trajes de Pascua, no mostraban señal alguna de respeto o asombro ante el ding-dong que hacía vibrar el aire y que pedía regocijo porque Jesús, tras todo su padecer y desdicha, había resucitado. El mundo se volvía cada día menos cristiano, decía la hermana Ecónoma; las almas se están perdiendo y nadie se percata de ello.
Papá se puso el traje beige claro y dijo:
-Vamos jovencito.
Louis tenía que ir con él a ver a la yaya, la madre inválida de papá. Papá iba muy deprisa; aminoró el paso justo al pasar por la plaza del Ganado y se paró en la entrada del cine Vooruit, donde las Juventudes Socialistas se reunían regularmente; estos, tras entonar cantos instigadores, salían a desfilar con bandera y tambores por la calle de Zwevegem. "



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