Las últimas banderas (fragmento)Ángel María de Lera

Las últimas banderas (fragmento)

"Veréis llanuras bélicas y páramos de asceta —no fue por estos campos el bíblico jardín—: son tierras para el águila, un trozo de planeta por donde cruza errante la sombra de Caín. Antonio Machado.
El hombre había suspendido la lectura del periódico y miraba atentamente los rostros de los que le rodeaban. Se hizo un corto silencio, a favor del cual pudo oírse el rumor de los demás grupos en los que alguien leía también en voz alta las noticias de La voz del combatiente.
—Yo no me creo una sola palabra de todo lo que dice este papelucho. Si a los de la junta no les queda más que el Ministerio de Hacienda, ¿por qué suenan tantos tiros? A mí me parece que no debe irles muy bien la cosa a los chinos, por mucho que digan —comentó uno de los oyentes.
—Eso mismo pienso yo. Habréis visto que ya no traen más prisioneros y que, además, ya no nos insultan tanto —opinó un tercero.
—Y se han llevado a pegar tiros a casi todos los que tenían concentrados aquí para guardarnos. No han quedado más que algunos soldados de la plana mayor, que están que muerden porque tienen que pasar todo el tiempo de centinelas —remachó el que hablara primero, añadiendo—: Si le echáramos nosotros un poco de coraje a la cosa, podríamos marcharnos de aquí en cuanto quisiéramos.
—¡Ni hablar de eso! —le interrumpió el que había leído el periódico—. Buena gana de jugarse la piel a última hora. ¿No nos han cogido ellos? Pues que sean ellos los que nos suelten por las buenas.
—Bueno, eso no estaría mal si pudiéramos resistir tanto tiempo sin comer —dijo otro, bostezando al tiempo que hablaba.
El bostezo contagió a los demás, circulando de boca en boca repetidas veces. Uno de ellos dijo después: —Yo no tengo ya ni aire en las tripas.
Había varios corros como éste en el antiguo jardín del chalé, sentados en el suelo. El aspecto de los hombres era deplorable: demacrados, sucios, ateridos. Llevaban varios días sin afeitarse y casi sin comer. Como también se les agotaron muy pronto sus parvas provisiones de tabaco, pronto fueron desapareciendo los periódicos que les habían distribuido sus aprehensores, rotos en pedazos para ser convertidos en cigarrillos que ahumaban los ojos y lijaban la garganta. "



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