La rebelión de los pupilos (fragmento)David Brin

La rebelión de los pupilos (fragmento)

"Fiben se las ingenió para fabricar una muleta con tres ramas de árbol que encontró cerca del surco que había abierto la nave. Oculta bajo los harapos de su traje espacial, la muleta le desencajaba parcialmente el hombro fuera de la articulación, cada vez que se apoyaba en ella.
Uf, pensó. Si los humanos no nos hubieran enderezado la columna y acortado los brazos, podría haber regresado a la civilización apoyándome en los nudillos. Aturdido, lleno de arañazos, hambriento... en realidad Fiben estaba de muy buen humor mientras emprendía la marcha hacia el norte. Demonios, estoy vivo. No tengo el porqué quejarme.
Había pasado mucho tiempo en las Montañas de Mulun realizando estudios ecológicos para el Proyecto de Recuperación, así que sabía que se hallaba en la vertiente correcta, no demasiado lejos de tierras conocidas. La variedad de vegetación era fácilmente reconocible. Se trataban, en su mayoría, de plantas nativas aunque también había algunas importadas e incorporadas al ecosistema para llenar los huecos que había dejado el holocausto bururalli.
Fiben se sentía optimista. Haber sobrevivido hasta allí, haberse estrellado incluso en un territorio familiar... le hacía tener la certeza de que Ifni tenía más planes trazados para él. Seguro que le reservaba algo especial. Con toda probabilidad, un destino especialmente molesto y mucho más doloroso que la simple muerte por inanición en el desierto.
Las orejas de Fiben se irguieron y levantó los ojos. ¿Podía ser que hubiera imaginado aquel sonido?
¡No! ¡Eran voces! Avanzaba a trompicones por el diminuto camino, ayudado por su simulacro de muleta y alternando las cabriolas con los saltos con pértiga, hasta que llegó a un empinado claro que dominaba un profundo cañón.
Pasó varios minutos mirando. ¡El bosque pluvial era tan condenadamente espeso!
¡Allí! En el otro lado, a medio camino del desnivel, pudo ver a seis chimps, con mochilas en la espalda, moviéndose con toda rapidez entre la vegetación y dirigiéndose hacia los restos aún en llamas de la TAASF Procónsul. En aquellos momentos estaban en silencio. Había sido una suerte que hablasen justo cuando pasaban por debajo de su posición.
—¡Eh! ¡Imbéciles! ¡Aquí! —Saltó sobre su pierna derecha y agitó los brazos, al tiempo que gritaba. El equipo de rescate se detuvo, mirando a su alrededor y parpadeando cuando los ecos rebotaron en el estrecho desfiladero. Fiben enseñó los dientes y no pudo evitar soltar un ronco gruñido de frustración. Miraban a todos lados excepto hacia donde estaba él.
Finalmente cogió la muleta, la hizo girar sobre su cabeza y la lanzó al cañón.
Uno de los chimps soltó una exclamación y se agarró a otro chimp. Todos vieron cómo la muleta se precipitaba dando tumbos en el bosque. Exacto, insistió Fiben. Ahora, trazad de nuevo ese arco hacia atrás.
Dos de ellos señalaron en su dirección y vieron cómo los saludaba. Gritaron excitados, saltando en círculos. "



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