La cura de uvasJames Merrill

La cura de uvas

"Durante dos días aliméntate de agua. La tercera mañana
Bebe agua, y unos veinte minutos después
Come tus primeras uvas. En tantas semanas como necesites
Estarás curado. Lo que ocurre, simplemente,
Es que te purgas, y la inanición, no tuya sino de lo que
Se nutre de ti, cuelga de tu corazón como un cangrejo.

Los primeros días tienen cierto sabor: en una copa de huesos,
Miel silvestre, langostas, el almuerzo del grácil ermitaño,
Y porrones enfriándose entre paredes; el verbo
De Haendel en un estrellado desván haciendo sonar
La pregunta acerca de cuánto necesita uno,
Lo cual es una gran travesura para un hombre solemne.

Y el rubicundo coloso que te había custodiado
Se mueve hasta una columna sobre esas serpenteantes arenas
Donde su ausencia planta el esplendor arrancado
A ese lugar por tardíos visitantes. Y sólo entonces, perdida
Con la última ilusión de que cualquier cosa importa
Como una moneda falsa, sobrevienen tales languideces.

Que tironeado simultáneamente en dos sentidos por la distante estrella
Llamada Plenitud y el mondo planeta Menguante,
Tu cuerpo aprende cómo está encadenado al miedo.
Aprendes que necesitas una sola cosa que, comprimida
Contra tu paladar, todavía no es deleite, ni siquiera
La esperanza de eso. Tu cuerpo como una costa
Al anochecer, en cuyos malsanos bajíos, negros y mendigos
Vagando con sus guaridas a cuestas,
Arden como las ciudades de la antigüedad sorprendidas
Por una vez sin la pátina del tiempo;
Y en la marea alta, si bien atractivas, sospechosas aún,
Aduladas, pero (aunque sospechosas) apreciadas.

Por temor de que todo fracase, de que cuando Handel cese
Las atentas bestias no se hayan apaciguado,
O de que, mañana por la mañana, cuando el sol
Cruce de un tranco las viñas, un hombre enfermo pretenda
De algún modo que de ese aire criselefantino
El oro no pueda ser compasión, ni el marfil caridad. "



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