La reina mártir (fragmento)Luis Coloma

La reina mártir (fragmento)

"Dejáronla en el altar los condes de Lennox y de Athol, y fueron a buscar al nuevo rey para acompañarle del mismo modo. El sacerdote leyó entonces la tercera amonestación, y un notario tomó acta de que nadie había alegado impedimento contra el matrimonio.
Comenzó la ceremonia, y trocáronse los anillos: Darnley puso a la Reina tres, de los cuales tenía el de en medio un diamante de gran precio.
Acabada la ceremonia volvieron todos a la cámara de la Reina, y allí comenzaron a suplicarle que dejase aquellas enlutadas vestiduras y tomase otras que cuadraran mejor con la solemnidad que se celebraba. Hízose de rogar mucho la Reina, con muestras de dolor verdadero, y consintió al cabo, dando permiso a los que estaban cerca, para que le quitase cada uno y guardase un alfiler de los que llevaba.
Los Reyes comieron a la misma mesa, rodeados de muchos nobles. Servían a la Reina los condes de Athol, Sewer, Morton, Caver y Granfoord, y prestaban el mismo servicio al Rey, los de Eglington, Cassels y Glencairn. Sonaban mientras tanto las trompetas de los heraldos en las ventanas de Holyrood, y se arrojaban al pueblo monedas de oro y plata.
No olvidaba, sin embargo, la Reina, en medio de estas solemnidades, la traición de su hermano Murray y de los lores herejes, y tres días después de celebrado el matrimonio, citoles a comparecer en su presencia y dar cuenta de su conducta.
Habíanse retirado estos herejes, después de fracasada la intentona de Kinross, al condado de Argyll, y repuestos allí algún tanto con los socorros de dinero que la intrigante Isabel les enviaba, tomaron abiertamente las armas en vez de obedecer al mandato de su soberana.
Mas resuelta e intrépida María, hízoles juzgar y condenar en Edimburgo, por rebeldes y contumaces, exoneración, confiscación de bienes y destierro, y salió ella misma en su persecución al frente de los lores y vasallos leales que anteriormente había convocado. «Marchaba -dice Robertson- a la cabeza de las tropas, excitando su valor, siempre a caballo, con las pistolas cargadas en el arzón de la silla, soportando todas las fatigas de la guerra con fuerzas admirables, e inspirando a los soldados el espíritu de resolución que a ella misma la animaba». "



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