Hacia una teoría intercultural de la literatura (fragmento)Adolfo Colombres

Hacia una teoría intercultural de la literatura (fragmento)

"Hablar de la palabra es referirse también al silencio, ese espacio que la rodea como un complemento imprescindible, reforzando su significado. Moisés precisó vagar cuarenta años por el desierto, pasar por semejante fragua de soledad y silencio, para que Dios le hablara de su Ley. En la educación de los bambara, los dogon y otros pueblos no sólo se enseña a dominar la palabra, sino también los silencios, ya que sin éstos nada podría aquélla. El silencio es la sombra que envuelve a la palabra, afirmando su dignidad, su valor numinoso. Todo sonido precisa una ausencia de sonidos, y la magnitud de dicha ausencia ha de guardar proporción con la del sonido. Tal concepción de los bambara lleva a Dominique Zahan a sostener que para este pueblo el verbo verdadero, la palabra digna de veneración, es el silencio. Es que más que una mera ausencia, que un vacío sonoro, el silencio es una realidad cargada de sentido en la que germina la palabra. También se podría decir, invirtiendo los términos, que es la palabra la que crea el silencio, para poder establecer su valor. Al recitar El Corán, los árabes intercalan hondos silencios entre versículo y versículo, para destacar el carácter milagroso de la irrupción de la palabra. "Si la palabra construye la aldea, el silencio edifica el mundo", reza un proverbio bambara. Y otro dice: "Si la palabra te quema la boca, el silencio te curará". El silencio es para este pueblo el mejor indicativo de vida interior, de capacidad reflexiva, de todo lo serio que hay en la existencia, y también de que se cultiva el secreto: "El secreto pertenece a quien calla", remarca otro proverbio de esta etnia que hace de la sobriedad verbal un valor eminente. La infancia se teje en ella en un clima de silencio, de confidencias que se oponen a la idea de una divulgación masiva. Las verdades van siendo reveladas de a poco, como grandes secretos, en la medida en que se está en condiciones de recibirlas. Corcuera Ibáñez apunta que guardar silencio puede significar guardar la palabra, y que entonces es el silencio el que resalta el verbo. Un proverbio de Malídice: "Aprende a escuchar el silencio y descubrirás la música". A Isak Dinesen le llamaba la atención en Kenya el especial sentido de la pausa que tenían los kikuyu, al que calificó como un arte. Registraban lo que se les decía, lo pensaban bien y respondían un tiempo después. Los dogon distinguen entre el silencio voluntario, que proviene de una ausencia de impulsos de hablar o de un deseo de retener las palabras por juzgarlas inapropiadas para la ocasión, y el silencio que se nos impone, la palabra cortada, que suscita rabia, resentimiento. Desde ya, el silencio no tiene el mismo valor en todas las culturas, y en el marco de una misma cultura su sentido suele variar según la situación que lo motiva. Por lo general, las culturas que valoran poco la palabra no otorgan al silencio una especial significación. En la medida en que la modernidad dominante vacía a la palabra de sentido asesina al silencio, para que éste no venga a evidenciar el ruido desafinado de sus chatarras, esas voces huecas que se amontonan sin sentido, inventando rituales sin fuerza para sus pobres fetiches. "


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