Venenos de Dios, remedios del diablo (fragmento)Mia Couto

Venenos de Dios, remedios del diablo (fragmento)

"Sidonio Rosa está sentado en las escaleras del puesto médico con las maletas esparcidas por los escalones. Espera el vehículo que lo va a llevar a la ciudad. Contempla la Villa, despacio: esta es la última vez que la observa. Como si la aprehendiera con sales de plata, sorbe la imagen de ese lugar donde nunca ha llegado verdaderamente a entrar. El descubrimiento de un lugar exige la muerte provisional del viajero. Sidonio Rosa temía esa total disponibilidad. Estaba preparado para ser llamado Sidueño. Pero no estaba habilitado para ser Doctor Sidueño.
Y piensa: esta Villa tiene la vida de un río. Manso y lento, pero con inundaciones fatales. Él no quiere ni remanso ni corriente. Sólo el reposo de sentirse ajeno, sin raíz ni semilla. Así va a partir, desnudo de memoria, exento de nostalgia.
La furgoneta entra en la plaza, levantando una nube de polvo. Del vientre abarrotado del vehículo desembarca el Administrador. Viene debilitado, pero camina por su propio pie, sin abdicar de su vanidosa postura. Puede que ya no sea la autoridad pero la vanidad, en un caso como estos, no puede bajar de los hombros, ni rebajarse. ¿O en las alas de la mariposa no se encuentra toda la mariposa? "



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